La realización del Mundial de Futbol 2026 deberá enfrentar una seria evaluación cuando concluya, ya que puede abrir horizontes a más eventos con multipatrocinio nacional, o cerrar esa modalidad o al menos hacerlos más modestos.
Recordando lo que se decía ocho años atrás, cuando Marruecos fue superado por la Candidatura Unida, como se denominó al esfuerzo conjunto de Canadá, Estados Unidos y México para hacerse del evento futbolístico mundial de este 2026, queda claro que ya se vislumbran áreas obvias que deberán revisarse.
Una es el gasto que cada ciudad sede se compromete a efectuar para la realización de los encuentros. Hace ocho años, uno de los argumentos que convencieron a los delegados de los países que integran a la FIFA para votar por las tres naciones integrantes de la Candidatura Unida, fue que ya contaban con la infraestructura necesaria, lo que significaba un fuerte ahorro.
Y, en efecto, así era y es. Los tres países y las ciudades sede tienen estadios en excelentes condiciones para el certamen, sin contar las obras de remozamiento que han debido hacerse.
Ni que decir de su estructura de hoteles o de comunicaciones, así como experiencia en la organización de grandes eventos.
Para cada comité organizador, el respaldo de sus gobiernos en ese contexto fue recibido, pero al momento de enfrentarse a la realidad, queda claro que el costo final rebasó las expectativas a la baja que se tenían.
Un ejemplo es la ciudad canadiense de Vancouver, que el año pasado estimaba un gasto de entre 532 a 624 millones de dólares canadienses, pero las cifras de fines de mayo ubican la erogación de 685 a 729 millones.
La buena noticia para la ciudad del suroeste canadiense, muy cerca de la frontera estadunidense, es que las ganancias proyectadas también han crecido, pues de los 448 a 478 millones de dólares canadienses esperados, se ha pasado a 595 a 615 millones de dólares canadienses, lo cual significa que habrá déficit, de acuerdo a un reporte del sitio de noticias canadiense CBC.
Un caso especial es Los Ángeles, en California, que ligará su sede mundialista de futbol con la correspondiente a los Juegos Olímpicos de 2028, que por tercera vez en su historia se efectuarán en esa ciudad.
Aquí el calculo financiero se complica por esa circunstancia, pues entre otras obras se construyen las conexiones del sistema de transporte público angelino con el sistema del tren elevado del aeropuerto, así como como con el SoFi Stadium o el Intuit Dome, sede de Los Angeles Clippers.
Sin embargo, todo apunta a que en este certamen trinacional el precio de los boletos y servicios asociados sea el principal dolor de cabeza de los aficionados, pues se han rebasado todos los límites.
Incluso las fiscalías de Nueva York y Nueva Jersey informaron apenas el pasado 27 de mayo, que han citado a la FIFA, para que explique cómo fijó los precios de las entradas al estadio MetLife, que albergará la final.
La citación tiene que ver con el precio, pero también con la ubicación de los asientos, donde se sospecha de un posible engaño, pues hubo modificaciones después de la venta.
Entonces, la existencia de infraestructura previa no parece haber bastado para que tanto ciudades como aficionados mantuvieran un gasto razonable en este certamen.
Parte del problema es el beneficio que la FIFA espera, que en el momento de otorgarse las sedes trinacionales se estimó en 11 mil millones de dólares. Esta cantidad equivale a los ingresos turísticos totales de Colombia el año pasado.
Lo anterior obliga a pensar que si las ciudades sede gastan por encima de sus ganancias, y los aficionados necesitan ser millonarios para cubrir su asistencia a los encuentros, mientras la entidad organizadora pone condiciones férreas y obtiene ganancias sustanciales, algo falla en este que también es un negocio.
Porque finalmente, para jugar futbol, que siempre es una fiesta, solo hace falta una pelota que hasta de papel puede ser.

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