Jorge Esqueda
Diversos hechos marcan los caminos divergentes que siguen México y Estados Unidos en su relación gubernamental bilateral, pero sin que se vislumbre de manera inminente un choque y mucho menos una ruptura, aunque sí puede haber incertidumbre en los sectores que se vean involucrados en esas divergencias.
Apenas a fines de mayo pasado Estados Unidos rebajó la calificación de la seguridad aérea de México, lo que congeló la expansión de la oferta aérea mexicana en el país del norte, algo de cuidado considerando la recuperación económica estadunidense y el comercio bilateral.
El 21 de este julio Washington renovó el cierre de su frontera terrestre con México, la cual inició el 20 de marzo de 2020 como parte de las medidas para detener la expansión del coronavirus responsable de la Covid19.
Esta medida debe relativizarse. Afecta a quienes viajan por turismo, recreación, apuestas o eventos culturales, pero no por razones de trabajo –incluidos jornaleros agrícolas y choferes de camiones de carga- educativas o de atención de emergencia, por lo que sus consecuencias son relativamente bajas, además de que se aplica también en la frontera terrestre con Canadá.
Empero, el gobierno mexicano no ha ocultado su molestia por ese cierre pues se ha esforzado en que sea abierta. Todas las vacunas donadas por la administración Biden fueron aplicadas en municipios fronterizos del norte mexicano, por ejemplo.
Sin embargo, en este punto el problema central parece nacer en la perspectiva gubernamental mexicana sobre la libertad, que considera a los cierres de actividades económicas, los confinamientos o el uso del cubrebocas como atentados a la libertad, confundiendo así dos esferas diferentes.
En todo caso los problemas que enfrenta Estados Unidos son diferentes a los de México. Aquí es innegable que todo lo referente a la pandemia está politizado y también en Estados Unidos, pero no puede negarse que en nuestro vecino del norte esa politización está socialmente más difundida que aquí, y cuenta con más actores políticos de peso, como son gobernadores, senadores y diputados del Partido Republicano, sin olvidar de ninguna manera al expresidente Donald Trump, principal escéptico de la existencia de la pandemia y de las medidas sanitarias.
Por eso la vacunación no avanza como el presidente Biden lo prometió, pues cientos de miles de personas, inmersos en esa falsa y perversa confusión ideológica entre libertad y medidas sanitarias, simplemente no quieren vacunarse y el resultado es que la variante Delta cunde en toda la geografía estadunidense.
Pero regresando al tema de las relaciones México-Estados Unidos, la mayor divergencia, al menos en el discurso, se dio este fin de semana con el respaldo mexicano a Cuba y el renacimiento de las viejas acusaciones de imperialismo e intervencionismo a Washington.
Ese mensaje despertó preguntas: ¿Por qué la oradora huésped fue una escritora chilena y no algún personaje venezolano si se recordaba el nacimiento de Simón Bolívar? ¿Por qué recordar el natalicio 238? En rigor, esa ceremonia celebrada en Palacio Nacional pareció estar inspirada en la concepción de que la política exterior es una extensión de la política interna.
Vista así, queda claro que la hipótesis más factible para esa celebración es la creciente divergencia entre ambos gobiernos, expresada por la parte mexicana en un discurso contra el imperialismo y el intervencionismo de Washington que hace tiempo no se oía de parte de un alto funcionario mexicano y menos del propio Presidente de la República.
La propuesta de crear una entidad parecida a la Unión Europea para América Latina está lejos de ser viable. La UE no es una organización que agrupe países, sino una que tiene políticas muy claras y declaradas para tender hacia una sola entidad, y esta característica fue precisamente la que llevó a los ciudadanos de Reino Unido a salirse de ella.
¿Cuántos países latinoamericanos estarían dispuestos a la cesión de soberanía que implicaría una nueva entidad como la UE trasladada a América Latina? Hoy mismo, viendo las preferencias de Colombia, Brasil y Chile frente a las de Venezuela, Cuba o Argentina, diríamos que el acuerdo sería imposible, y citando a la escritora Isabel Allende, la oradora huésped de este fin de semaa, se mostraría una vez más que la región es ingobernable.
Pero ese discurso es digno de analizarse y recordarse, ya que es el primero en que la #4T muestra sus tendencias de manera clara en política exterior.
De salida: En Cuba lo que está sentado es la división entre gobierno y pueblo. Que se encuentre la reunión mostrará que tan vigente es la Revolución.
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