Por: Claudia Tonantzin Larrainzar Pérez

 

Tu padre y yo te gestamos
hace varias noches
hablamos hasta el amanecer de tí
extenuados de tanto formarte
de acariciarte en letras grandes y chiquitas
trazamos bordes de tu cuerpo
y grafos en tu alma.
Estás aquí anclado en mis pensamientos
sueños
y
hechos.
Estás aquí sireno de mares lejanos
que con canto de caracolas y susurros de las olas
te has dejado guiar a costas pacíficas
donde anidas arropado por aguas tibias, dulces
donde las risas encuentran ecos de
un hombre y una mujer que extienden redes
sobre tus litorales de escamas tiernas,
hablan un lenguaje antiguo, primitivo
que gruñe las letras que forman tu nombre:
E-L-Í-A-S
nombre de ángeles, arcángeles, profetas de tierras milenarios
donde la luz venció a la muerte, subido en un carro de fuego -de origen divino-
te unes a la danza ancestral de la humanidad
donde cadenas de carbonos, sangre, células y divinidad
se entrelazan y mezclan.