Por: Christian Falcón Olguín
En 1487, el alemán Heinrich Kramer y el suizo Jacob Sprenger, monjes dominicos de la Europa central, predicadores de un contexto de transición del periodo medieval al renacentista, publican el libro “Malleus Maleficarum” título proveniente del latín que significa “El Martillo de las Brujas” afamado tratado que compila una serie de ilustraciones, definiciones y características que buscarían identificar a los brujos y a las brujas, el contenido de este manual sería utilizado por el tribunal inquisitorio de la época con fines de dominio, bajo sus criterios se permitiría perseguir a todo quien fuese contrario a la ortodoxia religiosa de su tiempo, considerándose herejía a todo aquel que utilizara la adivinación, la magia y la creencia de astros espíritus o demonología, dando pauta a consecuencias directas que llevarían a un individuo al arresto, a la aplicación de terribles torturas en búsqueda de la redención, reconocimiento o testificación de culpa, así como a la última prueba de su inocencia: La Hoguera, ya que únicamente las brujas y brujos serian afectados por las llamas, y los inocentes saldrían ilesos de aquella fatídica prueba.
Estas prácticas serian llevadas a todo lo largo y ancho de Europa, ya que el tribunal inquisitorio permitía al Inquisidor estar presente en todas partes con representantes locales de cada región, solo bastaba la testificación directa y hasta de manera anónima de algún habitante para levantar juicio sobre cierta persona, con la oportunidad casi nula de poder defenderse de las acusaciones ante un tribunal que sostenía la balanza de la justicia entre la ambigüedad y el fanatismo, hasta el punto de dictaminar que aquel que no creyese en la brujería sería considerado un hereje.
Este periodo de extremismo que se extendería por dos siglos, dentro del continente europeo y américa, seria avalado por autoridades del catolicismo como el “Papa Inocencio VIII” y del protestantismo como el propio Martín Lutero, ya que la “Cacería de brujas” se había instituido y al mismo tiempo se había enmarañado, ya que toda persona estaba autorizada para señalar y culpar a quien prácticamente se le atravesara en su camino, había rebasado todos límites de la tolerancia e iba más allá de temas teológicos, paso a ser una herramienta para deshacerse de enemigos y personas non gratas dentro de una población, el despojo de bienes o la desacreditación de personas con el objetivo de alcanzar un interés malsano era algo común.
Finalmente, sería anulada esta práctica desde el vaticano, por el riesgo contraproducente y latente que podría llegar a tener, incluso para cualquier integrante del tribunal inquisitorio o miembro de la propia curia romana, resultando el fin una etapa negra de la historia de la humanidad, en donde la razón empezaría a tener mayor preponderancia en el actuar y pensamiento de la gente.
En la actualidad el termino “Cacería de brujas” se utiliza coloquialmente para señalamientos y persecuciones políticas e ideológicas, donde el yugo de un castigo mediático y moral de la sociedad se manifiesta bajo consideraciones de intereses de poder que incitan a que todo ciudadano sea participe en el escrutinio, pero que al mismo tiempo conllevan a que cualquiera sea ubicado en el banquillo de ignominia en cualquier momento, donde el señalamiento, el sesgo y la intolerancia se hacen presente cada vez más en la sociedad, en donde el apasionamiento y la razón se confrontan, donde el respeto y los derechos se diluyen como gotas de lluvia en el mar de la desacreditación.
El empresario, programador y físico de origen sudafricano, Elon Musk, dueño de “Space X” y “Tesla Motors”, considerado por la Revista Forbes 2022 como el hombre con mayor fortuna económica del mundo, calculada en 219,000 millones de dólares, ha comprado la red social de Twitter por la cantidad de 44 mil millones de dólares.
El multimillonario Musk, ha dejado claro que vendrán sustanciales cambios en tres ejes fundamentales para las políticas del usuario, la primera conlleva a transparentar el algoritmo de programación que lleva a dirigir contenidos y preferencias de los usuarios, segundo, el lineamiento para la eliminación de bots cibernéticos que se manejan desde el anonimato y la programación sistemática para el ataque de ideologías, posturas políticas y económicas, finalmente el tercero, describe que la libertad de expresión es primordial para todo usuario dentro de la red social, lo cual lleva a reflexionar que la primera línea de acción puede ayudar a delimitar la alienación social, mientras que las otras dos pautas, no dejan aun la claridad suficiente para identificar si estarán entre la delgada línea del derecho a la libertad de expresión o ante una cacería de brujas con un martillo digital del siglo XXI.




















