¿Regresa América Latina a la órbita de Washington?
¿Es solo el gobierno de Venezuela el que enfrenta una presunta ofensiva de Estados Unidos para su derrocamiento o toda América Latina la que se pretende que “regrese” a la órbita de Washington, si es que algún día se fue?
Múltiples reportes de prensa revelan supuestos planes del gobierno del presidente Donald Trump para que su homólogo venezolano Nicolás Maduro salga del poder por voluntad propia o expulsado por la fuerza de los marines.
Se suman ataques a lanchas con droga hacia las costas estadunidenses, según funcionarios de la administración Trump, pero sin mostrar alguna evidencia.
Parte del problema para entender esa ofensiva hacia Venezuela y los ataques contra las naves en aguas internacionales, es el zigzageo verbal del jefe de la Casa Blanca, que genera confusión entre comentaristas, analistas y rivales.
Tenemos, sin embargo, al menos dos elementos que sirven como marco de referencia para calibrar qué tanto de cierto podría tener esa ofensiva.
Uno es la doctrina de política exterior del actual gobierno estadunidense, formulada en un “post” de tres líneas y media de la red social X: definir un interés estadunidense; negociar de manera agresiva para lograrlo; usar fuerza abrumadora si es necesario.
Fue el vicepresidente J.D. Vance el autor de esa formulación a fines del pasado junio, que, como se ve, no necesitó de un gran tratado.
El segundo elemento para entender esta doctrina es el ataque a las instalaciones del programa nuclear de Irán, a fin de borrar la capacidad de enriquecer uranio e impedir que el país islámico cuente con la bomba atómica. Es un objetivo claro para Washington y perseguido sin éxito durante lustros por Occidente, pese a que el régimen de la nación de ayatolás afirma y reitera que su programa es pacífico.
Unos cuantos días después de ese ataque Vance reveló la actual doctrina estadunidense de política exterior, aunque a casi cinco meses sigue sin haber constancia que esa capacidad de enriquecimiento de uranio se halla anulado, pero es claro que sí fue dañada de manera severa. Para varios analistas Irán solo fue acicateado en ir más rápido hacia la bomba atómica, meta que sí habría retrasado de manera severa.
Calcar esa experiencia al actual momento de la relación estadunidense con América Latina debe hacerse con reservas dada la impredecibilidad de Trump. El primer punto se cumple: definir el interés estadunidense claramente: acabar con el tráfico de drogas desde nuestra región hacia su sociedad.
El segundo punto, la negociación agresiva, estaría en curso con los ataques a lanchas en aguas internacionales así como la filtración a medios como Miami Herald o The Wall Street Journal, de planes para derrocar a Maduro, aunque también habría implicaciones para Colombia y México.
¿Cuáles son los resultados de esa negociación? Por lo pronto podría dudarse que el tráfico de drogas esté a la baja, pues se carece de reportes confiables sobre menos oferta o precios más altos en las calles.
Pero los Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) reportaron el pasado mayo, 27 por ciento menos muertes por sobredosis en 2024 respecto a 2023, baja que inició en la segunda parte de ese segundo año, es decir, no es un logro de la Administración Trump. Son datos provisionales, pues la consulta a los archivos de los CDC fue imposible por el paro de actividades del gobierno estadunidense.
La baja no se debió a menos oferta, sino a programas instrumentados entre la población, además de la toma de conciencia entre ésta del problema.
El logro parcial de abatir esos decesos podría explicar la mantención de la negociación agresiva, pero también que se busca “frenar” a gobiernos considerados de izquierda por Washington. El venezolano parece sobresalir en la lista por su aferramiento al poder (¿dónde están las actas de los pasados comicios presidenciales?), mientras que el colombiano de Gustavo Petro ha resultado más vocal que peligroso en términos reales.
México tiene más frentes con Estados Unidos que solo las drogas. En migración ha tomado medidas que han contribuido a frenar el tráfico de migrantes sin documentos. Ha dado pasos para alejarse de China, tema donde está pendiente la última palabra, y ha hecho equilibrios con la guerra arancelaria estadunidense.
¿Por qué no aparecen Cuba o Nicaragua? La isla caribeña tiene demasiados problemas internos y parece que la administración Trump no la considera un riesgo, mientras que el gobierno de Daniel Ortega ha guardado un significativo silencio.
En ese marco el verdadero objetivo parece apuntar a la reafirmación de que toda América Latina es el área natural de influencia de Estados Unidos, y ya se ha avanzado bastante en “expulsar” a China del área.
Para que Estados Unidos logre lo que parece su objetivo real quedan cabos sueltos, como Brasil, que ha mantenido cautela hacia Washington, y habilidad para que el factor Bolsonaro no se desborde. Argentina tiene estabilidad cambiaria y financiera precaria y necesita ayuda sin poder erigirse en un aliado fuerte de Estados Unidos.
La política de la actual administración estadunidense genera insatisfacción interna y externa, y al dejar de crear consensos benéficos para otros países, siembra la semilla que podría darle frutos que no espera ni quiere.

Jorge Esqueda
j_esqueda8@hotmail.com