La renovada ofensiva verbal contra México del presidente estadounidense Donald Trump tiene dos claves para entenderla e inclusive ver un horizonte a futuro: la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TMEC) y, sobre todo, las elecciones de medio término del próximo noviembre, cuando se renovará la Cámara de Representantes y de manera parcial la Cámara de Senadores, ambas de Estados Unidos.
Esos comicios deben formar parte de manera relevante del análisis de cualquier situación global. El actual gobierno estadunidense obedece a un proyecto con raíces sociales y políticas profundas en la sociedad de nuestro vecino del norte, que dicho de manera simple, rechaza sus fallas internas que la llevan a su elevado consumo de drogas, y su nuevo en el mundo del siglo XXI.
Hasta ahora, ese proyecto ha ido por la senda electoral para llegar al poder político y mantenerse en él. El primer gobierno del presidente Trump y su regreso para encabezar su actual mandato así lo muestran, aunque hubo muy inquietantes señales cuando trató de influir en la calificación legislativa de quien pese a ese intento fue su sucesor, el demócrata Joe Biden.
El seguimiento de la aprobación del mandatario que realiza de manera sistemáticamente The New York Times , se mantiene con números negativos. Al miércoles 14 de este enero su desaprobación es de 54 por ciento y su aprobación de 42 por ciento. A este dato se agrega que la mayoría de estadunidenses rechaza su intervención para el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, punto donde solo conserva el apoyo dentro de su partido Republicano.
Mientras esa cifra siga así, al igual que los sondeos donde se señala la perdida del control legislativo del Congreso y el regreso de los demócratas, es muy posible la aparición de nuevas medidas caracterizadas por la espectacularidad y el acento en el uso de la fuerza.
La espectacularidad crea drama y demuestra la fuerza de quien hace las acciones de esa forma, mientras la fuerza es propia de una sociedad acostumbrada a tener figuras épicas desde el Viejo Oeste hasta los héroes de ficción que de las tiras cómicas han pasado a las pantallas.
Por eso sería factible un nuevo bombardeo sobre Irán, aunque esa acción de ninguna manera beneficiaría a quienes buscan el cambio de régimen.
Conforme se acerque la fecha electoral del primer martes del próximo noviembre, habrá que estar muy pendiente de las encuestas de preferencia electoral para entender lo que esté sucediendo.
La revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TMEC) tiene su propia especificidad. Es falso desde luego que tanto México como Canadá hayan abusado de su socio estadunidense. La revisión seria y a profundidad así lo mostraría. Eso es precisamente lo que debe de hacerse en julio de este año, pero la actual administración Trump parece empuñar el argumento del abuso de sus socios, para amenazar con la conclusión del documento, o irse por la opción ya prevista en el mismo tratado: hacer revisiones anuales y mantener permanentemente cercados a sus socios. El objetivo es claro: conseguir cada vez más ventajas, un sinsentido en este tipo de documentos, que buscan beneficiar a todos.
Muy equivocado sería solo resistir y aguantar. El proceso de revisión del acuerdo ya empezó en los tres países y la fecha clave es julio. Es ahí donde se verá en concreto que pide la administración Trump y que tanto pueden responder sus socios.
La mala noticia es que a pesar de que las cifras de preferencia electoral se modificaran a favor de los republicanos, exigir y logar ventajas comerciales es una carta para los comicios de noviembre.
En ese marco y tras las cifras de sondeos por la intervención en Venezuela, se perfila más lo que Washington podría hacer en México en materia de narcotráfico. No una intervención como muchos sueñan o temen: soldados entrando por la frontera norte o desembarcado en algunos de nuestros puertos marítimos.
Más bien operaciones quirúrgicas posiblemente con misiles o drones contra lugares donde se suponga la operación de instalaciones para la elaboración de narcóticos, que existen en muchos lugares del país. Y también, si se encuentran elementos, una operación para el secuestro/extracción de algún gran capo, aunque de estos ya quedan pocos, excepto aquellos que lavan dinero en el sector financiero o encubren este tipo de actividades desde posiciones políticas.
¿Y la buena noticia? Pues no, no hay.
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