La ciencia de ayer y la de hoy está llena de grandes descubrimientos y contribuciones que han sido llevadas a cabo por mujeres. Cada vez se reconocen más las aportaciones que el sexo femenino ha realizado en las diferentes disciplinas, tanto de las ciencias exactas como de las ciencias aplicadas. En muchos laboratorios especializados del mundo, la generación de conocimiento depende fuertemente del talento, trabajo y dedicación; de muchas científicas que dedican su vida profesional a la solución de problemas de toda naturaleza. Desde las áreas de la salud hasta las diferentes disciplinas de las ingenierías, pasando por las ciencias humanísticas y sociales, hasta las ciencias que forman el pensamiento lógico deductivo y el análisis cuantitativo, cómo son las ciencias exactas.

Es imposible enumerar en unas cuantas líneas las aportaciones de todas las científicas destacadas que han existido a lo largo de la historia. Una de las primeras mentes brillantes fue la filósofa y astrónoma griega Hipatia, quien vivió alrededor del 370 al 415 d. C., Hipatia es considerada la primera mujer importante en la ciencia occidental, según se ha comentado en escritos medievales destacados, además dirigió una escuela filosófica en Alejandría, Egipto. Época en la que no existían propiamente escuelas. Para muchos, Hipatia es considerada la primera mujer matemática. Aproximadamente setecientos años después de la muerte de Hipatia, pero en Alemania, nace Hildegard von Bingen (1089-1179), quien llega a ser abadesa benedictina, fue una de las más grandes místicas de la Edad Media. En sus obras aborda historia natural, música y curación de enfermedades. Von Bigen fue compositora de monofonías sacras y es considerada también: madre de la historia natural. Ya en el siglo XIX, nace la matemática y escritora inglesa Ada Lovelace (1815-1852), quien se convierte en la precursora de la tecnología de la información. En aquellos años, Charles Babbage había propuesto una computadora mecánica de uso general, por lo que, Lovelace desarrolló ideas sobre como se deben configurar estas máquinas para ciertos cálculos.

En el año 1891, la polaca Marie Skłodowska de 23 años, llega a París para estudiar física y matemáticas, algo que en su ciudad natal, Varsovia, estaba prohibido para las mujeres. Tras finalizar sus estudios se casó con el físico Pierre Curie. Juntos investigaron un fenómeno que Henri Becquerel descubrió en 1896: la extraña radiación invisible (Rayos X) que emite el metal pesado uranio. Más tarde, los esposos Curie encontraron otras sustancias que emiten la misma radiación, y en el año 1898, Marie da un nombre a esta propiedad subyacente: radiactividad. La vida de Madame Curie siempre fue de altos riesgos, desde el manejo de sustancias radiactivas, hasta el apoyo que dio al ejercito francés durante la primera guerra mundial, a través de ambulancias radiológicas, que se acercaban a las líneas de combate; con el fin de detectar mediante placas radiográficas, restos de proyectiles en los soldados heridos, apoyando la labor de los cirujanos en hospitales de campaña. Como reconocimiento a sus aportaciones científicas, Marie Curie ganó dos veces el premio Nobel.

Uno de los casos más controvertidos que sigue estando en la mesa de debates sobre quienes describieron la estructura de hélice del ADN, fue aquel que se dio entre la biofísica inglesa Rosalind Franklin y los científicos Francis Crick y James Watson. En su época, Franklin manejaba muy bien, los equipos de difracción de rayos X, para generar imágenes cristalográficas del ADN; estas imágenes le quedaban exquisitamente detalladas. Lo que proporcionó la idea crucial que llevó a Watson y Crick a su descubrimiento histórico. Como científica, Franklin luchó contra las suposiciones de sus colegas masculinos de que ella no era tan capaz o talentosa como ellos. En aquellos años incluso las mujeres no se les permitía comer en el mismo comedor dentro de la universidad que en el qué comían los hombres. Existe un hecho histórico que ensombreció el premio Nobel que obtuvieron Watson-Crick-Wilkins. Se dice que, sin el consentimiento de Rosalind, su superior, Maurice Wilkins; tomó y mostró una de las imágenes de ADN (fotografía 51, capturada por Rosalind) a Watson y a Crick. Watson afirma que la imagen desencadenó un momento eureka, que les llevó a él y a Crick, a concluir que el ADN está formado por dos hebras helicoidales entrelazadas de pares de bases conocidos como nucleótidos. Franklin, dijo más tarde, estaba a dos pasos de llegar a la misma determinación. Watson y Crick nunca acreditaron adecuadamente a Franklin por su contribución, y la investigadora de 32 años en el momento en que los dos hombres hicieron su trascendental avance, le detuvieron sus investigaciones del ADN. Por ello, tuvo que regresar a sus estudios en curso sobre el carbón y los virus, antes de su prematura muerte por cáncer a los 37 años.

Otra gran científica fue Katherine Johnson (fallecida en febrero de 2024), quien contribuyó de forma muy importante a la aeronáutica y a los programas espaciales. Se hizo famosa por sus cálculos de mecánica orbital mientras trabajaba en la NASA. Estos cálculos fueron fundamentales para el éxito de vuelos espaciales tripulados al espacio. Entre sus aportaciones más relevantes son los cálculos de trayectorias, ventanas de lanzamiento y rutas de retorno de naves espaciales. Asimismo, realizó cálculos para el programa de transbordadores espaciales de la NASA, con misiones a Marte. Sin embargo, la contribución científica que hizo aún más famosa a Katherine, fue el cálculo de la trayectoria del Apolo 11, que permitió llevar al hombre por primera vez, a la Luna.

Apreciable lector te invito a ver el siguiente video sobre Katherine Johnson:

Universidad Politécnica de Tulancingo

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