Un análisis minucioso de los resultados obtenidos por Morena en las pasadas elecciones en indica que algo se hizo mal y los ciudadanos castigaron al partido el 6 de junio, por lo que su futuro en ambos casos es incierto y requiere ajustes de fondo.

Parte de la derrota derivó de la falta de empatía con los ciudadanos mostrada en la víspera de la jornada electoral y la ausencia del “tsunami” llamado Andrés Manuel López Orador como en 2018. Lo único rescatable de su gestión es la sensible disminución de la incidencia delictiva y la percepción de inseguridad durante la pandemia, más como producto del encierro de las potenciales víctimas que dejaron de circular por las calles, espacios públicos y escuelas, que como resultado de su estrategia de seguridad porque hasta el cierre de las agencias del Ministerio Público durante el confinamiento.

De manera individual otros factores que contribuyeron en la derrota fueron que no se tenía experiencia en materia de gobierno y el primer año fue prácticamente de aprendizaje.

En el caso de la CDMX, Claudia Sheinbaum arribó a la jefatura de gobierno con varios años de experiencia en cargos de alta responsabilidad ya que fue colaboradora del actual presidente de la República desde que siendo secretaria del Medio Ambiente capitalino, el entonces jefe de gobierno Andrés Manuel López Obrador (5 de diciembre de 2000-29 de julio de 2005) le confió la construcción del segundo piso del Periférico Sur entre San Jerónimo y San Antonio sin tener las atribuciones; desde entonces no solo tiene una buena relación con él, sino que la impulsa y defiende como la hija que nunca tuvo.

Entre las razones por las cuales perdió 7 de 16 alcaldías y varias diputaciones locales destaca en primer lugar el mal manejo del accidente de la línea del Metro, en particular por la falta de atención de las víctimas y no haber separado a nadie de su cargo, por lo menos mientras se desarrolla la investigación, además de una total dependencia del titular del ejecutivo federal en todo, hasta en su discurso, es decir, todo lo que se diga sobre la capital del país durante las mañaneras ella lo suscribe y lo pone en práctica, incluso antes de que se lo pida el titular del ejecutivo local y aunque las consecuencias las tenga que pagar ella.

El caso es que a más de un mes del accidente aun no hoy peritajes concluidos y mucho menos responsables detenidos, ni siquiera renuncias en el escritorio de la jefa de gobierno capitalino por lo que seguirá siendo ella quien continúe recibiendo los golpes mediáticos hasta en tanto no se sepa la verdad. Por cuanto a la persona que solo es “directora” del Metro no se sabe nada ni tampoco se le ha visto, en una de esas ya salió del país con cualquier pretexto propio de su cargo y no regresará hasta que las cosas se hayan enfriado.

Como quiera que sea el daño está hecho y culpar a los medios de comunicación de ser los responsables de la campaña de desprestigio en su contra para que le vaya mal, es tender una cortina de humo como la que recurrentemente utiliza el presidente de la República y la jefa de gobierno de la CDMX lo secunda.

Ya es hora de que Claudia Sheinbaum deje de buscar culpables y asuma  su responsabilidad si es que en verdad quiere competir en 2024, de lo contrario ni con todo el apoyo de su mentor le va a alcanzar, ya que la estarán rebasando compañeros de su propio partido, entre ellos Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal que por ahora ven los toros desde la barrera, pero están atentos de que alguien tropiece para meterse al ruedo y tomar la alternativa.

Más que control de daños lo que en la CDMX deben estar pensando es cómo reinventarse a partir de los errores cometidos con la Línea 12 del Metro, solo que para eso se requiere humildad y congruencia, esa que tanto hace falta en el gobierno de la ciudad.

En ambos casos, Puebla capital y la CDMX, los programas sociales a cargo del gobierno federal no alcanzaron a traducirse en votos a favor de Morena y los “apoyos” terminaron explotándoles en la cara, por lo que deberían ir pensando cómo dar seguimiento a los recursos económicos entregados, con independencia de que si en el futuro votan o no por ellos. Ese debería ser el espíritu de dichos programas, pensar en el bienestar de la gente antes de por quien vaya a votar.

Sheimbaum Pardo aún tiene la mitad de su gobierno por delante y tiene la oportunidad de hacer las cosas con mayor sensibilidad, más empatía, menos soberbia y menor dependencia del presidente de la República. No vaya ser que en una de esas comparaciones de López Obrador con Jesús Cristo, a quien terminen sacrificando sea a ella como su “hija política”.

Rivera Vivanco por su parte no tiene más tiempo para sus proyectos desde el gobierno municipal, sin embargo lo puede hacer desde otra trinchera.

De no hacerlo ambas se pueden ir despidiendo de sus aspiraciones, Sheinbaum Pardo de llegar a Palacio Nacional y Rivera Vivanco de llegar a Casa Aguayo (sede del poder ejecutivo estatal), objetivos que seguramente siguen en su mente.

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