Entrega 2 de 2

Es difícil imaginar dos puntos de vista tan poco coincidentes sobre la misma economía, como los ofrecidos recientemente por la Presidenta, Claudia Sheinbaum, y el otrora titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Pedro Aspe. En esta segunda entrega, se continúa con el contraste entre ambas, mismo que busca ser didáctico y accesible para todas y todos, tomando como guía la estructura utilizada por la Presidenta en su exposición:

  • La deuda de los requerimientos financieros del sector público se ubicó en 50.35% al cierre del primer trimestre de 2026, afirma la Presidenta. Sin embargo, la deuda pública como porcentaje del PIB alcanzó un nivel del 58.9% en 2025 mientras que en 2018 era de apenas 46.8% del PIB. De acuerdo con la experiencia internacional, hay un riesgo real y eminente de que, si se supera la barrera del 60%, México pueda perder el “grado de inversión”, lo que incrementaría el costo de la deuda y las tasas de interés que enfrenta el país.
  • Aumento récord de 21.8% en exportaciones, dice la Presidenta. La apertura de la economía nacional y la inclusión de México en las grandes cadenas de proveeduría mundiales, que explica el crecimiento observado en las exportaciones desde los 90’s, es la gran herencia de los gobiernos “neoliberales” de Salinas (en el que participó Aspe) y Zedillo y, hasta la fecha, el motor que explica el crecimiento de la economía mexicana desde entonces.
  • El salario mínimo aumentó y la pobreza laboral se encuentra en su mínimo histórico con 30.7%, argumenta la Presidenta. Si bien el aumento del salario mínimo fue una medida acertada que ayudó a reducir la pobreza en el país, no estuvo acompañada de mayor productividad (el informe “Los fundamentos del crecimiento y la competitividad 2026”, la productividad en México se ha estancado), lo que se traduce en empresas que enfrentan mayores costos, pero sin estar en mejores condiciones para competir.
  • Pemex redujo su deuda en 20 mil millones de dólares, dice la Presidenta. Más allá de la reciente polémica por la estructura de costos utilizada por la paraestatal, dicha reducción sabe a poco ya que sigue siendo la empresa petrolera mas endeudada del mundo y, lejos de generar beneficios en favor de México, requirió cerca de 400 mil millones de pesos (alrededor del 1% del PIB) en transferencias del Gobierno Federal para operar durante 2025.
  • Se aprobó la Ley para la Inversión, señala la Presidenta. Desafortunadamente la atracción de inversiones productivas al país no es algo que se pueda decretar. En los hechos, las tasas de inversión en México son bajas y, según señala Aspe en su exposición, suman 16 meses de caídas consecutivas respecto al mismo mes del año previo. Sin nuevas inversiones productivas no hay nuevas fuentes de empleo.
  • Se creó la Oficina de Inversión desde la Presidencia de la República para facilitar la inversión privada, dice la Presidenta. Misma que no garantiza nada, de no resolverse los factores que inciden en la capacidad de México para atraer inversiones productivas (la crisis de confianza, la inseguridad, el acceso a energía y agua suficientes o la inestabilidad internacional, a manera de ejemplos) y es redundante con la Secretaría de Economía, a cargo de Marcelo Ebrard, y el Consejo Asesor del Desarrollo Regional y Relocalización (CADERR), encabezado por Altagracia Gómez Sierra.
  • Los Programas para el Bienestar no solo se mantienen sino que se han implementado nuevos programas, asegura la Presidenta. Dado que dichos programas se incluyeron en el texto Constitucional, van a continuar independientemente de quien sea la Presidenta o Presidente de México, por lo que este punto termina siendo una perogrullada.

Al final, como dijera el “mago” Septién, solo queda la frialdad de los números. Mientras el crecimiento del PIB (es decir, el valor de todo lo producido en México) fue, como promedio anual, del 2.6% para el periodo 2010-2018, para 2019-2025 fue de apenas el 1%.

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