“Quién negocia con hambre, se queda con las migajas y por supuesto que en ocasiones no hay opción, y toca aceptar. Pero esa no debe ser tu constante”. Fragmento que retomo del conferencista y motivador sinaloense Daniel Habif; palabras que, sin duda le acomodan y resuenan a cientos de profesionales en los medios de comunicación, que por necesidad aceptan trabajar incluso, bajo condiciones en las que se menoscaban sus libertades de pensamiento.

Locutoras y locutores, periodistas, conductores de espacios de comunicación, nadie se salva del llamado “capitalismo laboral” donde el “patrón” aporta capital y el “empleado” desarrolla un específico trabajo. El primero tiene poder sobre el segundo, en el sentido de que puede utilizar las capacidades profesionales del trabajador, le puede despedir cuando así lo decida y puede aplicar cualquier tipo de sanción, a efecto de obtener un determinado esfuerzo para beneficio propio.

La experiencia laboral se refiere al conjunto de aptitudes y conocimientos adquiridos por una persona o grupo en un determinado puesto de trabajo durante un periodo de tiempo específico. Es decir que la experiencia laboral, no solo se refiere al trabajo propiamente dicho, sino que también a lo aprendido a partir de él.

Veamos cómo está distribuida la fuerza laboral de Locutores de Radio, Televisión y otros Medios de Comunicación en nuestro país.

Datos que presenta la plataforma digital “Data México”, señalan que, durante el segundo trimestre de 2021, se tuvo registro de 15 mil 400 personas dedicadas al ejercicio de la locución, cuyo salario promedio es de 8 mil pesos, trabajando alrededor de 34.5 horas a la semana.

La edad promedio de Locutores de Radio, Televisión y otros Medios de Comunicación fue de 46.4 años; mientras que la fuerza laboral se distribuyó en 61.8% para hombres con un salario promedio de 10 mil pesos y 38.2% en mujeres, con salario medio de 2 mil 500 pesos.

¿Cuánto vale la experiencia y el conocimiento acumulados? Sin duda una pregunta que se resuelve, no por la propia trayectoria, sino más bien, por los actos que las y los profesionales de la voz, el periodismo y la comunicación desarrollen en su paso por cualquier empresa u organización y que, debiera ser considerada como un “acto moral”, valorado desde el plano de la ética (por su honestidad, rectitud, honradez y respeto).

Si bien muchas acciones son neutrales para la ética, mientras que otras pueden acarrear una valoración moral ya que pueden definirse como negativas o positivas de acuerdo a los efectos del propio acto desarrollado.

Revisemos algunos conceptos teóricos para profundizar en la comprensión de lo antes expresado. La ética tiene su origen en la individualidad, donde diferentes individuos reflexionan sobre temas como el bien y el mal. Posteriormente, ellos mismos implementan esas reflexiones en sus vidas. No es algo obligatorio que tengan que poner en práctica, es opcional, ya que son reflexiones individuales.

La moral es un concepto más extendido y grupal, ya que son valores aceptados socialmente e influyen en todas las personas que conforman esa sociedad concreta a la que pertenecen.

Así pues, la ética es un valor individual propio de la reflexión y la persona que la pone en práctica puede aplicarla a su propia vida; siendo la moral algo que no pueden elegir los individuos que pertenecen a una sociedad; es algo establecido y aceptado socialmente.

Sirva la aportación de conceptos de quien esto escribe, como una oportunidad para la reflexión, sobre lo que vale nuestra experiencia, pero más aún, para ejercer razón al respecto de que, para negociar adecuadamente nuestra “fuerza capitalista profesional”, debemos observar siempre respeto, equilibrio, coherencia y profunda congruencia, entre lo que hacemos y lo que buscamos de un trabajo.

Pues no se trata de cobrar caro solo por tener experiencia en los medios, sino cobrar justamente lo que nuestra trayectoria y desempeño (es decir, nuestros actos), pueden aportar para el crecimiento de quien nos contrata. La recomendación y tarea para las y los locutores, los periodistas y comunicadores en general de México, es mantenerse en constante capacitación, en el aprendizaje activo y en el esfuerzo permanente, no olvidando nunca que la dignidad y el orgullo sirven para demostrar lo que profesionalmente valemos; de ahí se debe partir para una negociación efectiva y asertiva.

Nos escuchamos la próxima, en tanto tenga usted, ¡muy buen día!

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