Cuestionamientos tales como qué es vivir la ciudad, qué nos identifica y qué tanto de ella somos, son abordados emotiva y vivazmente en la obra “El vértigo horizontal”, del reconocido escritor mexicano Juan Villoro, quien recientemente visitó nuestra ciudad.
Publicado en 2018, el libro reúne una serie de anécdotas personales y análisis sobre la Ciudad de México, lugar donde en 1956 nació el autor, aunado a las opiniones, diálogos, personajes y datos allí citados que aportan y enriquecen al texto.
El también periodista designa a la “Chilangópolis” como un ente vivo, una masa autónoma que además de ser interminable, determina tajantemente la calidad y estilo de vida de quienes en ella residen. No es solo es dónde se vive, sino cómo y porqué se vive.
La ciudad, vista como la mayor de cualquier otra fuerza social, es por sí misma factor indudable de nuestra individualidad, nos encarrila a ser y a vivir de determinada forma, nos orilla a actuar, comer y relacionarnos de manera improvisada, como respuesta a lo que en ella se nos presenta: tacos de canasta, torta de tamal, caldo de gallina y refresco en bolsa son divertimentos gastronómicos que acompañan al conductor enjaulado en el tortuoso tráfico vehicular, uno de los escenarios más comunes de la ciudad.
Desde los enormes hitos como el Monumento a la Revolución hasta los íntimos espacios como la zotehuela, Villoro explora muchos de los factores que enamoran y desencantan esa gran ciudad, las contradicciones a las que se enfrenta el chilango a la hora de describir el gusto por su ciudad, un gusto que puede caer en culposo si entendemos que incluso a lo más feo se le puede encontrar lo bonito.
¿Pero será que solo en la CDMX podamos experimentar las surrealistas escenas que el autor narra en sus líneas? Muy a su pesar, habitantes de ciudades menor densificadas ven con preocupación la aparición de síntomas urbanos tales como el tráfico, inseguridad y desconexión entre diversos puntos de la ciudad, todos derivados del virus de la improvisación y en no pocas veces, de la corrupción.
Puebla no está muy lejos de esta realidad, siendo la cuarta zona metropolitana más grande del país y perteneciente también a la Megalópolis del Valle de México (MVM), acontecimientos que anteriormente eran propios de la capital federal hoy se aprecian en el contexto local como resultado evidente de una mala o nula planificación, la ausencia de estrategias de mitigación de síntomas como los arriba mencionados y de políticas públicas eficaces en materia de desarrollo urbano.
Por cuestión de espacio, abordaremos estas y otras cuestiones en una próxima entrega.
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