A calle y media del extremo sur del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México, entre frondosas copas de árboles y un sinfín de cables entrelazados, el color rosa mexicano de una fachada contrasta con la discreción que guardan algunos de sus vecinos, una tonalidad difícil de pasar desapercibida y que es también una de las distinciones de su arquitecto.

Casa Gilardi (1976) fue la última obra del arquitecto jalisciense Luis Barragán, quien con casi 80 años y 10 desde su supuesto retiro aceptó realizar el proyecto, motivado principalmente, según comenta su actual propietario Martín Luque, por la jacaranda en medio del predio. Este proyecto se encuentra a poco más de un kilómetro de la que puede ser la obra insignia del arquitecto, su casa estudio de 1947. Los casi 30 años que pasaron desde diseñar su propia casa al encargo de la familia Gilardi no desviaron el estilo del ganador del Premio Pritzker en el año 1980, una arquitectura cerrada casi por completo al exterior y con tonalidades inspiradas en el artista Chucho Reyes.

Desde el pasado 12 de junio Casa Gilardi funge como sede de la exposición temporal “The Sky and I Agree” del artista estadounidense Scott Reeder, una muestra conformada por pinturas y cerámicas que dicen compaginar y entremezclarse con la esencia de la misma casa. Para el galerista encargado de la exposición, Bernardo Saenger, la obra de Barragán dialoga íntimamente con la obra de Reeder.

Tras la muerte de Francisco Gilardi, propietario inicial de la casa, Martín Luque heredó la que considera un pedazo de historia. Ahora, comenta, sus esfuerzos están en su conservación, en mantenerla tal cual la concibió Barragán. Estos esfuerzos los comparte también César Cervantes, actual propietario de Casa Prieto López (hoy Casa Pedregal, 1951), obra también del tapatío y que en un inició su predio medía 15,280 metros cuadrados, donde su mayoría conformaban la propuesta paisajística del proyecto. En 2013 Cervantes adquirió la propiedad, que tras haber sido modificada drásticamente, el coleccionista de arte emprendió su remodelación para así llegar a su diseño original.

El interés por Barragán perdura, sus obras son visitadas por cientos de interesados y es referencia al momento de abordar la intimidad y esencia de los espacios, lo cierto es que esto ha llegado a las redes del arte contemporáneo, haciendo que, en palabras del propio Saenger, visitantes han confundido la obra original de Barragán, con todo y sus terracotas de tequila, sus cuadros y el mobiliario que el mismo arquitecto entregó como parte del proyecto, con el espacio que la exposición altera y exhibe a visitantes primerizos.

Así pues, Casa Gilardi se convierte en el caballete de la obra del artista estadounidense, es decir, una exposición que si bien puede ser rica por sí sola, parece ser que adquiere mayor coherencia en ciertos sitios que en otros. Montar la obra de Reeder altera la obra original, y no siendo la primera vez que esto sucede en Gilardi ni en otras casas-estudios de otros artistas, esta exposición tiene el claro propósito de mimetizarse con la obra original.

Pudiera ser que como Casa Gilardi no es Patrimonio de la Humanidad, como sí lo es la casa-estudio de Barragán desde el 2004, puede entonces albergar este tipo de intervenciones, y, así como en la polémica obra “Comedian” del artista italiano Maurizio Cattelan, la cual consiste en un plátano pegado a la pared y en donde en plena exposición fue despegado y comido, ¿qué opinaría Barragán de que en pleno esfuerzo de conservación se oferte y se “coma” su última obra, Casa Gilardi?

 

 

IG: jp.arquitextos

Correo: jp.arquitextos@hotmail.com

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