En 1952, el encuentro en una galería de arte entre el empresario Daniel Mont y el artista Mathias Goeritz derivó, un año después, en un inmueble que desde su inauguración se ha caracterizado por promover las artes, la cultura y la diversidad, una obra que se alejó del funcionalismo de la época y propuso una nueva manera de interactuar con la arquitectura.

Goeritz (1915-1990) tuvo una sola petición por parte del empresario para diseñar el Museo Experimental el Eco, una barra de bar, de ahí en fuera tuvo rienda suelta para concebir este espacio que tantos usos ha tenido con el pasar de los años; restaurante, teatro y club nocturno son algunos de los principales. Con la intención de crear una escultura penetrable (esto es, donde interactúe el humano), el artista plasmó en este edificio lo que poco después expondría en su “Manifiesto de Arquitectura Emocional”, un texto que publica un año después de inaugurada la obra como, según comentan, justificación ante las críticas que recibió por dicho inmueble.

Un par de meses después de finalizado el edificio, Mont, el mecenas, falleció, por lo que el inmueble pasó de uso en uso hasta caer en el abandono. Cuando sus últimos dueños estaban a punto de demolerlo y en su lugar construir un estacionamiento, la UNAM intervino y lo adquirió, siendo el encargado de llevarlo a su diseño original el arquitecto Víctor Jiménez; el 7 de septiembre de 2005 el Eco reabrió sus puertas como museo. Hoy, directivos del inmueble buscan que se le considere como “Monumento Artístico Bien Inmueble”, un reconocimiento que lleva años en trámite y que sin duda aportaría a la conservación de este espacio.

Goeritz, quien nació en Danzig, hoy Gdansk, en Polonia, llegó a México en 1949 por invitación de Ignacio Díaz Morales para dar clase en la recién fundada Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Años después se establece en la Ciudad de México, donde se relaciona con artistas y creadores de la época; tal es el caso de Luis Barragán y Jesús Reyes, con quienes diseñó las Torres de Satélite, obra de 1958. Años más tarde, el artista polifacético formaría parte del equipo que diseñaron el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria, inaugurada en 1979.

La importancia del Eco no solo se basa en el legado arquitectónico de la mitad del siglo pasado, edificio pionero de una corriente, sino que además representa la unión y resistencia de quienes en sus espacios se expresaron libremente; durante algunos años el Eco sirvió como punto de reunión para la comunidad LGBT. Igual de interesantes son las investigaciones periodísticas que rescatan los escritos de Carlos Monsiváis, donde menciona que el Eco llegó a ser residencia artística de Chavela Vargas, quien ocupaba el primer nivel del edificio y al cual reconocía como “su escondite”.

Dentro de los grandes ejemplos de arquitectura mexicana encontramos múltiples corrientes que representan más que el solo estilo del edificio, sino más bien maneras de entender la arquitectura y el México en el que fueron concebidas, cuál fue la intención de diseño del edificio cómo se posibilitó su interacción en él. La arquitectura emocional pone énfasis en lo que al recorrer el edificio despierta, lo que motiva a sentir; hoy, a propósito de los 20 años de la reinauguración de este gran museo, promotor de la libertad y la cultura, se vuelve deseable agilizar el trámite que lo acredite como Monumento Artístico, así como reconocer el mecenazgo que posibilitó la existencia de esta obra y, también, el entusiasmo que existe por reconocer e impulsar el eco de “el Eco”.

IG: jp.arquitextos

Correo: jp.arquitextos@hotmail.com

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