Tomar una pausa y distanciarse de la cotidianidad puede, en ciertas ocasiones, aclarar nuestras ideas, hacernos reflexionar sobre lo que está pasando, lo que se busca que pase y facilitar el regreso a lo habitual en mejores condiciones. Lo cierto es que esta pausa no solo es empleada por nosotros los humanos, sino que también por elementos que componen a las ciudades y que determinan gran parte de nuestra interacción urbana.
Remodelaciones y restauraciones permiten la preservación digna y eficaz de una obra arquitectónica, pues se adaptan a las dinámicas y realidades sociales del contexto actual. En el caso del Centro Georges Pompidou, en Paris, la intención por adaptarse a los nuevos flujos urbanos venció a la imposibilidad de alterar una obra ampliamente reconocida y querida entre locales y turistas. Siendo un edificio diseñado por los arquitectos Renzo Piano (1937) y Richard Rogers (1933-2021) e inaugurado en 1977, sus más de 100,000 m2 albergan la colección de arte moderno y contemporáneo más grande de Europa, así como una biblioteca pública, un centro de investigaciones y múltiples espacios que incentivan la convivencia social.
Cuando este edificio fue inaugurado la aceptación pública se dividió por su estilo arquitectónico, el cual contrastaba con el sitio en el que se emplazaba; siendo una obra “high tech” (alta tecnología), su estética juega con la exposición de elementos estructurales y funcionales de la obra, tal como unas escaleras mecánicas en la fachada o ductos que acompañan su recorrido tanto exterior como interior. Hoy por hoy, el edificio es pieza clave para el desarrollo sociocultural en la capital francesa, esto lo evidencia los 3,5 millones de visitantes que tiene por año y, también, por la suma de dinero que se le invertirá para su remodelación, muestra del éxito y arraigo social de esta obra.
Las puertas del Pompidou han cerrado, se espera que vuelvan a abrir dentro de 5 años, cuando su reacondicionamiento haya finalizado. A este proceso se le tienen destinado 460 millones de euros, siendo una parte de capital privado y otra más público; queda claro que es una inversión de tiempo y dinero bastante considerable, un inmueble que no teme a cerrar durante años y caer en el olvido, pues, gracias a su legado y a quienes estarán al frente de su remodelación, reabrirá y causará el mismo impacto que en su apertura de 1977, según comenta Laurent Le Bon, presidente del museo.
AIA Life Designers, Moreau Kusunoki y la arquitecta mexicana Frida Escobedo forman parte del equipo al que se le encomendó esta labor, la cual, entre sus objetivos principales se encuentra reducir el 40% de consumo energético del reciento. Si bien se dice que las fachadas no sufrirán cambios, se tiene planeado trabajar en la totalidad de las áreas, ya sea dándoles mantenimiento o aportando con propuestas arquitectónicas de gran calidad el espacio originalmente concebido.
No es difícil pensar que estos cambios sucedan en una ciudad que alinea su infraestructura y espacios naturales acorde las demandas y necesidades de sus habitantes, recordemos que en años recientes París ha apostado por la integración masiva de ciclovías y la rehabilitación del río Sena, logrando que después de un siglo de prohibición para meterse a nadar, hoy, dada la limpieza que se le dio, pueda volver a hacerse; ¿podría esto suceder en nuestro río Atoyac?
Entender a la ciudad como un ente vivo permite incentivar cambios que vayan acorde las realidades sociales, actualizando la ciudad y su infraestructura en favor de todos. La renovación al Pompidou se apega a esto, y el cierre de sus puertas no representa un adiós, sino un hasta luego…
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