No es que la Academia Sueca haya abierto una nueva categoría o algo así. Para nada. Simplemente, dado en el contexto actual en el que los valores liberales -y las propias libertades individuales, en muchos casos- están en juego ante la consolidación en el poder, en todo el mundo, de regímenes que habiéndolo obtenido a través de las democracias liberales ahora las desmontan y concentran el poder político, y donde se quiere presentar a China, abocada a una economía de mercado pero con un gobierno totalitario, como el nuevo paradigma de crecimiento económico a seguir en las próximas décadas, el Nobel en Economía 2025 otorgado a Philippe Aghion (Colegio de Francia y el INSEAD, en Francia), Peter Howitt (London School of Economics and Political Science, en el Reino Unido)y Joel Mockyr (Universidad de Northwestern, en los EE. UU.), es una bocana de aire fresco.
Si bien muchos medios se limitaron a señalar que el galardón sueco les fue otorgado “por haber explicado el crecimiento económico impulsado por la innovación”, detrás de dicha explicación abordan, retomando la “destrucción creativa” postulada por Joseph Schumpeter en 1942, la importancia del pensamiento creativo y la innovación tecnológica para lograr niveles crecientes y sostenidos de crecimiento económico, en el contexto actual.
En términos muy simplificados, sin revoluciones tecnológicas la capacidad de crecer termina por estancarse y, dado que la población no deja de crecer, el resultado es que generación tras generación, cada individuo termina por ser, en promedio, más pobre que los de la generación anterior. Por el contrario, al innovar y modificar los paradigmas tecnológicos, la capacidad de producir “salta” cuantitativa y cualitativamente, impulsando la productividad, la competitividad y la capacidad de crecer de las sociedades, por encima del crecimiento de la población por lo que, contrario al caso anterior, cada individuo de la generación potencial es, en promedio, más rico que sus antecesores.
¿Y lo de la libertad? Pues resulta que contrario a la adaptación y tropicalización de tecnologías e innovaciones generadas en otros países, en lo que China y otros países asiáticos han sido muy eficientes, la creación de nuevas ideas requiere libertades de expresión, reunión, credo y similares para darse. Dado lo anterior, y reconociendo la eficiencia de la economía china, las grandes innovaciones en las que se sustenta la economía actual, se han dado en sociedades donde predomina (o predominaba) la democracia libertad, la libertad de mercado y la libertad individual.
Adicionalmente, y como bien lo señala Yuval Noah Harari en “Sapiens”, un factor fundamental para explicar el acelerado crecimiento económico observado desde el Siglo XVI, es el matrimonio entre capitalismo e investigación, dado que del resto de los arreglos institucionales que han existido en Occidente, no ha habido otro tan exitoso para lidiar con los riesgos de fracasar y, aún así, seguir financiando a las mujeres y hombres que piensan, crean, innovan y transformar nuestro mundo para generar, y repartir, mayores niveles de riqueza globales, como aquellos que privilegian a la libertad y las y los individuos.
Sin duda, ¡un Nobel a la libertad!





















