¿Cómo se planifica el sitio donde reside más de la mitad de la población global? Datos de la ONU revelan que el 55% de las personas pasa su vida en ciudades, sitio que debiera diseñarse con la seriedad e importancia que naturalmente demanda. Se dice que la ciudad es un sistema de sistemas, que además de albergar las dinámicas sociales del presente, determina mucho de las que en un futuro sucedan; en ese sentido, tenemos nosotros cierta responsabilidad por cómo, en los próximos años, sea, luzca y se viva nuestra ciudad.
No es difícil evidenciar la ineficiencia de ciertos desarrollos infraestructurales que existen en nuestro entorno; quienes se mueven por la urbe peatonalmente, en bicicleta o en transporte público se enfrentan no solo el riesgo de accidentes viales o de ser una víctima más de la desatada delincuencia, sino que lidian también con el no siempre completo interés por parte de los tomadores de decisiones por responder a las circunstancias propias de la vida urbana. Y ojo que esta vez hablamos del desinterés por diseñar y administrar eficientemente la ciudad, porque si hablamos del campo, de acuerdo con el arquitecto Oscar Hagerman, quien en recientes días dictó junto a su esposa Doris Ruíz una emotiva conferencia en nuestra ciudad, la arquitectura (y sus creadores) se han visto muy distantes de la vida rural, donde se tienen necesidades muy particulares que no siempre son atendidas.
Para el año 2050 se calcula que 68% de la especie humana residirá en zonas urbanas, algo que obliga a reflexionar sobre las expectativas, planes y acciones a tomar para mejorar la condición de nuestras ciudades y, con ello, nuestra propia calidad de vida. Vemos que ciudades como Puebla, dado su tamaño, número de habitantes y desarrollo económico, exigen sistemas de movilidad e infraestructura acorde a los flujos que se viven en nuestras calles, así como impulsar proyectos y estrategias urbanas asertivas que hagan de la ciudad un espacio de todos y para todos. Tomarse en serio la planificación urbana pareciera ser una opción lógica y viable para gran parte de lo que hoy aqueja nuestro entorno; diseñar la ciudad debiera exigir la seriedad que corresponde, respondiendo pues a los ciudadanos y sus realidades.
Hace unos días se llevó a cabo el Día Mundial de las Ciudades 2025, organizado por ONU Hábitat y desarrollado en esta ocasión en Bogotá, la capital colombiana. Este evento reunió a distintos referentes del tema para conversar acerca del crecimiento, desarrollo y manejo de nuestras ciudades, la importancia que se les da y el papel que toman hoy, en una época de crisis e incertidumbre sobre la condición climática, social y económica a nivel global. Si bien se aborda el tema urbano desde distintos flancos, se hace énfasis en la recuperación y gestión de las áreas verdes, espacios que no solamente favorecen la convivencia social o la apariencia de nuestras calles, sino que además mitiga los estragos ambientales y mejora la calidad de vida de quienes se relacionen en este espacio.
Imaginar nuestras ciudades de mejor manera nos lleva también a demandar el manejo eficiente de los recursos públicos, empleándolos estratégicamente en pasos que nos lleven a vivir nuestro hábitat en las mejores condiciones posibles, aquellas donde el humano es el principal beneficiado, orientando todo en favor de su integridad, desarrollo personal y dinámicas sociales. A pesar de la gran cantidad de personas que residen en ciudades, se estima que 300 millones viven en las calles, una cifra que exige replantear las políticas de acceso a la vivienda y la propia concepción de esta, pues es, bajo esa óptica, espacio básico para la vida en ciudad.
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