Después de una charla interesante y muy intensa con amigos, en la que hablamos por enésima ocasión acerca de nuestros posibles destinos. De donde pude confirmar que es una creencia casi generalizada que es el Dios de cada uno, el que determina nuestro destino desde antes de nacer y que eso es infalible; respeto tal criterio, sobre todo porque creo cabalmente en la posibilidad de ser felices. Y el lujo de contrariar tal circunstancia, puede convertir su destino en una obsesión negativa y que destruya lo que aún no existe. Sin embargo, en lo que sí creo es que el Creador o Dios o como le queramos llamar, nos otorgó a lo que llamaré: una hoja en blanco, para que cada quien determine el camino que debe recorrer durante su vida. Y nos dejó en plena libertad para impregnarle el sello, sentido, color y sabor a lo que construimos día a día. O lo que es lo mismo, nos dio la libertad para diseñar nuestro propio camino. Pudiendo hacer en ese viaje de vida, lo que mejor consideremos, plazca, guste o parezca conveniente. Apoyados siempre con recursos físicos e intelectuales como la inteligencia y el raciocinio. Para con ello avanzar de manera firme y segura por el trayecto que nos hayamos propuesto seguir.
Cierto estoy que no debo emitir criterio alguno acerca de lo que creen, piensan o sienten otras personas. Por lo que me concretaré a hablar de mis propias circunstancias y vivencias; así que diré que a lo largo de mi camino de vida que hasta el momento he recorrido, debo decirles que desde que tengo uso de razón (que sí tengo), he estado consciente que el destino que me ha tocado vivir, no es producto de un camino predeterminado con flechas o indicaciones, que no ha sido una partitura que debo seguir tal cual, para lograr una bella melodía, y con ello alcanzar mi presente. No, ese camino impreciso, imprevisible e indeterminado que recorremos, lo construimos para alcanzar un beneficio. Por lo que mi tarea constructora consiste en hacer bien lo que me corresponde.
En mi casa paterna me enseñaron que… lo que se siembra se cosecha. Por tanto, la manera de ir por el camino que nos trazamos, tendrá que ver con el lugar al que llegaremos. Luego entonces, debemos tomar el camino práctico y más corto, sabedores que al transitarlo, este es el camino que hoy y solo hoy podemos avanzar con la confianza y certeza que es el tramo que se tenía que recorrer con atención, amor y cuidado. De lo que como es natural, y en contraposición nada ni nadie puede ayudarme a mejor vivir y disfrutar mi camino, y que el pensar o preocuparme por un destino que, como el futuro, es incierto y nada determinable por el lado que se quiera ver.
Debo decir, que he conocido personas que no viven o si lo hacen, es consternados por lo imprevisible de su destino o por lo que sucederá mañana, que equivale a un futuro, el de ellos. Esta tendencia, me llama la atención y me genera preocupación y me ocupa muchas veces en mis manuscritos, en orientar o inducir a aquellos que se dejan afectar por el pasado que es un lastre o por el futuro que no sabemos si va a llegar. Buscando estimularlos y resaltar lo mejor y más entusiasta de su existencia, en el diario transitar por esta vida terrena que nos toca. Recordemos que en nuestro ir y venir cotidiano, estamos ante la posibilidad de amar, disfrutar, aprender, sentir, gozar, compartir o hacer todo aquello que nos ofrece la vida, a pesar de sus altibajos o lo complejo que pareciera o nos pudiera resultar.
Pues bien, después de esa reflexión que me permito compartir con ustedes, y asegurándoles que se trata de una reflexión real y sincera del qué y el por qué de nuestra vida… Llegué a la conclusión… que es una pérdida de tiempo, dedicar una parte de nuestro intelecto y esfuerzo a tratar de desenmarañar un destino desconocido, cuando nos tenemos que dedicar a vivir, disfrutar y transformar la realidad de nuestro hoy, que es el camino que estamos recorriendo y que tiene cosas buenas y bellas que ofrecernos.
Sé, aunque no coincida con el concepto que creer y preocuparse por el destino, es una opción exclusiva del individuo y su libre albedrío. Sin embargo, esto lo respeto. Y subrayo mi razón: no se aporta nada a la maravillosa oportunidad de vivir el hoy, si vivimos en el pasado o queremos predecir el futuro, con lo que solo sobrevivimos, por lo que definitivamente la opción por mí libremente escogida y predicada es vivir y disfrutar mi hoy, sin vivir en el ayer, pero preparando mi mañana. Porque eso es Dar de Sí, antes de pensar en Sí.
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