Teotihuacan: Desafíos en su protección y preservación
El patrimonio cultural es una riqueza invaluable, que más allá de su valor histórico, tiene un profundo impacto social y económico en su resignificación.
Su preservación no solo depende de una única acción institucional, sino de un esfuerzo colectivo que implique la participación comunitaria, gubernamental y social. Sin embargo, la protección de los bienes culturales experimenta grandes desafíos, y un ejemplo de ello, se desarrolla en Teotihuacán, en el Estado de México.
Teotihuacán, como sitio, es uno de los complejos arqueológicos emblemáticos del país, y por tanto un espacio en el que se interviene la protección de los mismos, aunque presenta un historial de acción de forma desintegrada y de temporalidades muy rezagadas en acción dentro de las gestiones de los marcos legales y normativos.
Con su Declaratoria como Zona Arqueológica en el año de 1964, referente al área del centro ceremonial del asentamiento prehispánico; estar contemplada dentro de las atenciones y coordinaciones de la Comisión Intersecretarial enfocada a la legislación de la investigación y protección de los bienes culturales; prosiguiendo con el establecimiento de la Zona como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1987; finalmente el señalamiento realizado en 1988 como una Zona de Monumentos Arqueológicos.
Asimismo, a la par de estas políticas, se gestaba en México la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos Artísticos e Históricos en 1972, y su Reglamento en 1975.
Si bien puede indicarse un marco normativo y legal, las competencias y responsabilidades de los diferentes Entes para su cumplimiento han sido desvinculadas. Experimentando una falta de coordinación que ha ocasionado conflictos y diferencias entre los Actores y/o Agentes imposibilitando acciones eficaces. Y subestimando los aspectos e intereses comunes que deben de existir.
De tal forma que, existen varios caminos de apreciación y apropiación hacia los bienes culturales arqueológicos, presentando la siguiente segmentación.
Un interés de gubernamental de los espacios adyacentes como una salida para la regulación del crecimiento urbano como planificación de éste desarrollo. Otro interés, en el aspecto socioeconómico a partir de los servicios turísticos que trabajan las localidades en el aprovechamiento de la visita pública; en el contexto de la ausencia de aplicaciones de proyectos de desarrollo social.
Por otro lado, la del organismo institucional, con los intereses de la investigación, la operación y la protección, que, si bien se realiza desde la mirada académica, ha descuidado la vinculación y extensión patrimonial con las comunidades que permitiría no solamente hablar del patrimonio arqueológico sino además de los valores culturales que experimenta la sociedad. En su lucha constante de la preservación de sus costumbres y tradiciones.
Y aparece otro aspecto, un sistema de justicia competente en la de la protección del patrimonio arqueológico que enfrenta dificultades y procesos largos para dar seguimiento y aplicar de manera efectiva la Ley, en el entendido de la falta de capacitación hacia los elementos encargados de investigar delitos efectuados en contra del patrimonio cultural arqueológico.
Por otra parte, es posible mencionar, la falta de mecanismos y acciones de la utilidad pública de ordenamientos legales que deben considerar la sostenibilidad del patrimonio a partir de las necesidades y reconocimiento de los contextos actuales.
De tal manera que se vislumbra un panorama en el que es primordial las acciones de integración y fortalecimiento de y entre todos los actores sociales para una mayor colaboración en la preservación de los bienes y no solo una revisión de los estados de desprotección y de desvinculación.
Por lo que debe trabajarse una revisión del marco tanto normativo como legal. La inclusión y acción de la participación ciudadana, la protección de los aspectos socioculturales de las comunidades; el fortalecimiento de los programas de educación media y media superior; y la aplicación integral de conservación y cuidado dentro de los planes gubernamentales. Y finalmente, la vinculación permanente y cotidiana entre la institución y la sociedad.
La celebración de estos cambios, en un lugar tan representativo como Teotihuacán, permitiría un equilibro entre el pasado, el presente y su futuro.
Esperemos que la selección de hace casi tres años para Teotihuacán por parte de World Monuments Watch, como patrimonio de importancia cultural que presenta presiones de conservación y por lo que necesita acciones urgentes de preservación, proporcione a través de los resultados de su proyecto, el renovado y primer gran paso de la recuperación como de protección, y sobre todo el de la articulación social.
Por: Citlali Rosas Jiménez

























