Sanación emocional

“La niñez”

Esta es una de las etapas más bonitas de la vida, donde todos los sueños parecen convertirse en realidad. A pesar de la inmadurez, se vive con tal ilusión, esperando que el mañana lo tengamos todo. Principalmente, a esa edad, hay un acercamiento total a nuestros padres: un cariño sincero y honesto.

Es una etapa en la cual no hay maldad. Si bien es cierto que a los 10 u 11 años comienzan algunos pensamientos de adulto, cuando se presenta algún problema se tiene como ventaja que, a esta edad, se puede olvidar fácilmente.

Jamás es conveniente olvidar que seríamos grandes seres humanos si recordáramos siempre que llevamos un niño dentro, el cual tendría que manifestarse con la alegría, la transparencia y la armonía con la que vivíamos en aquella época infantil.
Esta edad es tan importante, justo antes de llegar a la adolescencia, ya que representa un paso difícil de entender. Primeramente, es un acercamiento total a la familia, donde se recibe mucha protección, quizá a veces exagerada, otras veces con dificultades, y muchas veces enfrentando situaciones complejas para la edad.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), a través del Departamento de Vigilancia a Menores, indica que esta es la etapa en la que se debe vigilar y cuidar especialmente a los niños, puesto que enfrentarán un cambio importante al entrar en la adolescencia.

Realmente es necesaria una protección integral para todos los niños. A pesar de que estamos conscientes de que a esta edad el mundo debería ser de total felicidad, apoyo, entendimiento y comprensión, hay realidades que no se pueden ocultar: agresiones, ya sean verbales o físicas, y, lamentablemente, también de tipo sexual.

Lo peor es que estas agresiones muchas veces suceden dentro del seno familiar.
Actualmente, en México, el 30 % de los menores sufren este tipo de agresiones, incluso ataques sexuales, desde tocamientos en sus partes íntimas hasta llegar a la violación.
¿Es justo que esta sociedad infantil tenga que soportar heridas tan profundas que, con el tiempo, pueden convertirse en trastornos mentales y emocionales?

Y lo más grave: si no son atendidos por terapeutas profesionales, existe una alta probabilidad de que estos mismos niños repitan esos comportamientos cuando sean adultos.

Tlaxcala es uno de los estados con mayor índice de agresiones a menores, incluyendo violencia sexual.
Desafortunadamente, solo una pequeña parte de los casos llega a los tribunales en busca de justicia.
La mayoría se calla, porque los agresores pertenecen directamente a la familia.
Son pocos los casos donde los menores son atacados por personas externas.

¿Cuál podría ser la solución?
¿Aumentar los castigos a los familiares agresores para que sirvan de ejemplo?
¿O realmente necesitamos reeducar a la sociedad con la intención de crear una conciencia clara de que un niño solo quiere vivir en libertad, en amor y en un ambiente lleno de respeto?

En la niñez no existen diferencias ni clasificaciones.
No importa si mamá o papá pertenecen a un núcleo distinto; para el niño solo existen como figuras de amor y protección.

Cabe destacar que también hay padres responsables que, a través de su experiencia o preparación, saben guiar a sus hijos inculcándoles valores y principios que los fortalecen emocional, física y mentalmente.

Siempre será importante tener puentes de comunicación que les permitan dialogar con nosotros.
Una forma de lograrlo es escucharlos sin interrumpir, dejando que se expresen con libertad sobre lo que sienten, piensan o viven.
Aunque digan algo que tú, como adulto, consideres incorrecto, no los reprendas de inmediato. Haz un análisis sereno y amoroso sobre cómo responder a sus vivencias.

Permíteles ocupar tu tiempo y tu atención.
A veces es difícil para ellos comunicarse, así que debes ser hábil para fortalecer esa confianza que están buscando en ti.
No siempre es conveniente imponer solo porque eres el padre o la madre.

Te pongo un ejemplo:
Si les dices que pueden hablar con transparencia y libertad, podrías lograr un entendimiento total.
Diles algo como:
“Hijo, si alguna vez sientes que me estoy comportando como un monstruo, si piensas que te trato mal o con agresividad, te doy permiso de pedirme que me calme, porque tú solo quieres comunicarte conmigo. Y yo haré todo lo posible por escucharte con amor.”

Si das este tipo de apertura, con el tiempo lograrás saber todo de ellos.
Recuerda: no impongas solo por imponer.
Escucha, practica y trabaja en tu propio control emocional antes de querer controlar a tus hijos.

En su búsqueda por comunicarse, ellos pueden equivocarse, dar rodeos o no saber cómo expresar sus emociones.
Eso no es más que una señal de inseguridad y desconfianza.
Cambia la forma de tratarlos y conecta con ese niño interno que aún vive en ti.
Úsalo como puente para acercarte a ellos y permitirles desarrollarse en un entorno pacífico.

Así, cuando sean adolescentes o adultos, continuará viva esa expresión de confianza.

Ángel Morales
Conferencista en superación personal
📞 Contáctanos: 246 116 4047

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