El brote de hantavirus confirmado a bordo del crucero MV Hondius el 4 de mayo, con origen en roedores, ha puesto la atención en México. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Hokkaido han identificado diversas zonas del país donde habitan especies capaces de portar el virus.
Los primeros hallazgos se remontan a 2004 en Colima, donde se detectó el “Virus Oro”. Posteriormente, se localizaron variantes en Morelos (“Huitzilac”) y en Guerrero (“Montano” y “Carrizal”). Además, se han registrado reservorios y circulación del virus en estados como Hidalgo, Veracruz, Chihuahua, Yucatán, Jalisco, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas, Michoacán, Zacatecas y la Ciudad de México.
De las 235 especies de roedores que existen en México, solo una fracción puede portar el virus. Entre ellas destacan el ratón venado (Peromyscus maniculatus), el ratón azteca y el ratón de los volcanes, pertenecientes a la familia Cricetidae. Estos animales pueden transportar el virus durante toda su vida sin mostrar síntomas, lo que los convierte en reservorios naturales.
El contagio hacia humanos ocurre principalmente al inhalar partículas contaminadas con orina, excremento seco o residuos biológicos acumulados en espacios cerrados y poco ventilados. Investigaciones en Yucatán incluso detectaron anticuerpos en personas, lo que indica contactos previos con el virus sin cuadros graves de enfermedad.
La expansión del hantavirus está relacionada con la tala de bosques, el crecimiento urbano y la modificación de ecosistemas naturales. Estos cambios provocan que los roedores se desplacen hacia áreas habitadas, aumentando el riesgo de contacto con personas.
Por ello, especialistas recomiendan evitar barrer en seco bodegas, cabañas o graneros y utilizar agua con cloro para impedir que partículas contaminadas se dispersen en el aire.






















