Por: Carlos R. Muñoz Moreno

El ARJÉ es la pregunta inicial de la filosofía como un intento de entender el universo que nos rodea. Es la pregunta por el origen, por el principio, es decir es la búsqueda del componente esencial del universo, de todo lo que nos rodea y en torno a lo que gira la reflexión de los primeros filósofos de la historia.

TALES DE MILETO es el primero en preguntar cuál es el principio o la materia primigenia que compone al universo, y sostiene que este elemento es el Agua, porque es lo que abunda en la naturaleza, porque es lo que necesitan los seres vivos para existir.

ANAXIMADRO, también de Mileto, un filósofo más joven, cree que el principio de la naturaleza no puede estar en la naturaleza, que debe ser algo más una suerte de fuerza o impulso primario que dio origen a todo el universo y lo llama ÁPEIRON, es decir, lo indeterminado, como una fuerza ajena a las cosas pero que las habita y las impulsa; de manera particular esta teoría me recuerda dos elementos de la física y la filosofía posterior:
La teoría de la Gran Explosión o el Big Bang, precisamente nos habla de un impulso donde la materia estaba toda contenida en sí misma, del tamaño de un átomo, en una singularidad espacio-temporal como la de un único agujero negro que, llegado a tal punto de calor, gravedad y densidad, originó esa primera explosión que, conforme se fue enfriando y volviendo estable, formó la materia, las galaxias, estrellas y planetas que conocemos.

Y de esa fuerza primigenia también habla Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote, teólogo, filósofo y paleontólogo francés que sostenía en sus obras que todo el universo tenía un impulso que lo llevaba a la perfección, a la evolución del todo, llamándole PREVIDA, como una fuerza que Dios sembró en el universo para guiarlo hacia el surgimiento de la vida y la evolución de ésta hasta el origen de la vida inteligente.

ANÁXÍMENES, el último de los grandes pensadores de la ciudad de Mileto creía que lo que componía el universo era algo más sutil, pero al mismo tiempo presente en todo, y postuló que esto era el aire, porque nos envuelve, lo respiramos, lo necesitamos para vivir y aún en el agua está presente de alguna manera.

Así, estos tres pensadores comienzan a llevar sus ideas a explicaciones del origen del todo, del componente esencial del todo, más allá de lo meramente material para tratar de explicar el universo que nos rodea y, desde allí, veremos cómo comienza la gran división de la filosofía en dos ramas que dominarán sus corrientes de pensamiento: el materialismo, que reduce todo a la materia que nos rodea, y el idealismo que cree que son las ideas las que definen y originan el universo y lo que podemos percibir de él.

Y el primero de éstos idealistas es PITÁGORAS DE SAMOS, filósofo, matemático y astrónomo –no astrólogo, por favor— quien cree que el origen de todo es el NÚMERO, es decir, la abstracción, porque los números reflejan, simbolizan y lo expresan todo. Las matemáticas, cosa que es cierta, están y lo son todo. Cree que cada número simboliza algo, como el 4 a la justicia, o los números pares a lo femenino y los impares a los femeninos. Creyente de la transmigración de las almas, por tanto, en una forma de vida eterna, será una de las mayores influencias, junto con SÓCRATES, de la primera gran corriente del idealismo filosófico: el platonismo.

Y una vez iniciada la búsqueda por el origen, antes de los grandes de la filosofía griega, representada en SÓCRATES, PLATÓN Y ARISTÓTELES, comienzan a diversificarse los temas que van abordando estos primeros pensadores griegos, como la naturaleza del ser o de la existencia.

Para HERÁCLITO el ser es esencialmente MOVIMIENTO, es decir el cambio, la transformación. El ser siempre cambia, siempre evoluciona, lo que explica con su máxima de que “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”, pues si tú te bañas hoy, mañana que lo hagas de nuevo, será otra agua, otros peces, habrá otra arena y otras piedras, algo habrá cambiado e incluso tú, de algún modo, serás otra persona.

Por el contrario, PARMÉNIDES, su contraparte, señala que la naturaleza de los seres es LA PERMANENCIA, es decir que nada cambia, nada se mueve, todo es igual, siempre. El movimiento es solo una apariencia, fruto de la imaginación, engaño de los sentidos.
Y basado en ellos, desde la perspectiva de la auténtica metafísica –no de las baratijas y engañabobos de la pseudometafísica venida de la astrología— ARISTÓTELES zanjará esa diferencia con la teoría de LA ESENCIA Y LOS ACCIDENTES, es decir que todo ser se compone de algo inmutable en sí mismo, su esencia, y características accidentales, mutables como color, peso, apariencia, profundidad, masa, que pueden cambiar, pero que no transforman la esencia de los seres.

Los dejo con estas primeras reflexiones sobre la Historia del Pensamiento Filosófico y espero sus propuestas de temas que quieran abordar. Pero, en la próxima entrega, les compartiré un poco del pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles.
Un abrazo a la cuatitud