Griselda Lira “La Tirana”
A mis queridos estudiantes a los que amo y respeto.
Nos ubicamos en la Guerra de Facciones (1915-1919). En el sur de México, especialmente en Oaxaca, la lucha por el control territorial y los recursos era brutal. Las tropas carrancistas exigían provisiones, lo que generaba tensión y demostraba la profunda injusticia social heredada por el porfiriato.
El polvo rojizo de los caminos se levantaba con cada paso, y el sol de la sierra de Oaxaca caía a plomo sobre dos pueblos vecinos: Tierra Fértil y Puente Negro.
Tierra Fértil era un pueblo rural, del México profundo, donde los valores eran la herencia más preciada. Se levantaban para beber su café de olla y compartir el atole de maíz recién molido. La solidaridad era ley. En tiempos de revuelta, la gente compartía el pulque de tinacal, como un pacto de hermandad. Allí, la prevención del delito se tejía en el respeto cotidiano.
Puente Negro, en cambio, era un infierno terrenal. Consumido por la decadencia, era un nido de prepotencia y agresiones constantes. La codicia había echado raíces profundas, y la ley del más fuerte era la única que se aplicaba, una muestra de que la violencia no genera soluciones, solo dolor.
Dos muchachos asistían a la única escuelita: Julián de Tierra Fértil y Fausto de Puente Negro.
Julián llevaba la dignidad de quien tiene las manos limpias. Su padre le había marcado la vida con una verdad: “Hijo, ni el poder ni la codicia se llevan a la tumba; ricos y pobres se mueren igual. Solo la vergüenza de haber vivido en la maldad queda aquí.”
Fausto era más hosco, pero en el patio de la escuela, la amistad rompió las estructuras de maldad. Julián le enseñó el valor de la siembra honesta, y Fausto entendió que el verdadero respeto no dependía del miedo.
Una tarde, Fausto irrumpió en Tierra Fértil: «¡Las tropas carrancistas! ¡Han tomado Puente Negro… ¡Mi tío les disparó por su prepotencia! ¡Hay fuego!»
El anciano don Lupe intervino: «El dolor del vecino no es alegría propia. La violencia no genera soluciones, solo más lumbre que salta la cerca.»
Julián organizó a la gente en un acto de profunda solidaridad costumbrista: las mujeres prepararon tortillas de maíz, café de olla y atole. Los hombres cargaron sacos de grano y barriles de pulque.
A medianoche, llegaron a Puente Negro. Se presentaron ante el General Tadeo.
—Mi General, no venimos a pelear, sino a pedirle un favor —dijo Julián—. Traemos maíz, tortillas y el mejor pulque. Le pedimos una tregua.
—A cambio de que no les quite la vida. Aquí hay codicia y han obrado mal, pero son nuestros hermanos. El poder no se lleva a la tumba, General; ellos perderán su ganado, pero usted ganará la paz y no cargará más muerte en su conciencia.
El General Tadeo observó a los pobladores de Tierra Fértil. Comprendió que ese joven le hablaba de una verdad más profunda que todas las balas.
—Está bien —dijo el General—. Que me entreguen el ganado y trabajen dos meses. Pero no habrá más quema.
Fausto, viendo a su amigo Julián, sintió una vergüenza limpia. Había entendido la verdad: la única riqueza de Puente Negro, contaminada por la codicia, no valía nada; mientras que la herencia de Tierra Fértil, la ciudad construida sobre valores, les había salvado la vida.
El Despertar
La luz intensa de la pantalla de una laptop le dio de golpe en la cara. Sofía, con el rostro marcado por la mesa, abrió los ojos. El ruido de los cláxones reemplazó el olor a pólvora.
Estaba en la sala de su departamento en la Ciudad de México. La taza de café de olla estaba fría. Su tarea de Historia de México, sobre la vigencia de los conflictos sociales de la Revolución, estaba a medio terminar. Se había quedado dormida sobre el teclado.
«El cuento sobre Tierra Fértil y Puerta Negra…», pensó Sofía. Su sueño era una poderosa parábola:
1. La Lucha de Dos Mundos: La diferencia entre la solidaridad de Tierra Fértil y la decadencia de Puente Negro sigue vigente. La codicia que arruinaba a Puente Negro sigue siendo el motor de la violencia actual.
2. El Poder y la Muerte: La frase «ricos y pobres se mueren igual» se convirtió en el eje de su ensayo. La respuesta ciudadana durante los sismos de 2017 demostró que la solidaridad es la única fuerza real y que ante la tragedia, las jerarquías y la prepotencia se desvanecen.
Sofía se sentó de nuevo. Comprendió que el ensayo era un recordatorio de que mientras la codicia no se lleve a la tumba, la lucha por la justicia debe ser un acto constante de valores, de prevención del delito a través del tejido social, y del recuerdo constante de que el poder sobre otro solo causa más violencia.
Terminó su ensayo: Tierra Fértil es el relato de un México que se niega a morir de maldad, aferrándose al maíz y al valor de un café de olla compartido entre mexicanos bajo la luz de la luna.




















