¿Puede el mundo convivir con dos guerras al parecer interminables?
Más allá de la respuesta, el hecho es que tendrá que hacerlo.
El acuerdo que Pakistán logró que fuera aceptado tanto por Irán como por Estados Unidos e Israel por las próximas dos semanas, de ninguna manera significa el fin de las hostilidades, sino la mantención de la situación que llevó a las fuertes hostilidades entre ambas partes.
El acuerdo que será negociado a partir del próximo viernes 10 en Islamabad, capital pakistaní, fija que Irán continuará con su control del estrecho de Ormuz; se aceptará que Teherán continúe enriqueciendo uranio; el levantamiento de todas las sanciones en su contra; pago al país islámico de una indemnización; retiro de las fuerzas estadunidenses de la región y el fin de la guerra en todos los frentes, incluyendo Líbano.
De primera impresión se concluye que son puntos cuya aceptación va contra la agenda del presidente estadunidense Donald Trump, en particular la aceptación de que Irán prosiga con el enriquecimiento de uranio, no tanto por ir en sí mismo en contra de los intereses estadunidenses, sino por ser el puente para la fabricación de una bomba atómica y su temida posesión por la nación persa.
Se antoja difícil en consecuencia que en Islamabad Washington acepte el punto central de las demandas de Teherán, por lo que al parecer solo se trata de un “descanso” tras el cual los ataques podrían continuar.
Recordemos que el 24 de febrero de 2022, hace cuatro años y un mes y medio, Rusia invadió Ucrania en una llamada “Operación Especial” publicitada para durar unas cuantas semanas, no los cuatro años que ya suma.
Pero ocho años antes, en marzo de 2014, Rusia se anexionó Crimea y luego en la región ucraniana de Donbás surgieron dos nuevas repúblicas con apoyo ruso. De tal manera que lo que hemos visto en los pasados cuatro años es la parte más áspera de la violencia rusa sobre Ucrania.
Regresando al Golfo Pérsico, en junio de 2025 Estados Unidos realizó la Operación Martillo de Medianoche en la cual atacó la planta de enriquecimiento de uranio de Fordow, una instalación nuclear en Natanz y el Cetro de Investigación y Tecnología Nuclear de Isfah.
En un mensaje tras el ataque, Trump afirmó que las instalaciones nucleares iraníes habían sido “completa y totalmente destruidas”, lo que fue desmentido por la nueva ofensiva iniciada el 28 de febrero, también anunciada como de corta duración.
Y un mensaje en la red social que él mismo creó, afirmó en junio pasado que era el “momento de la paz”, lo que tampoco ha sido verdad.
Los hechos que conforman la terca realidad, es que el mundo ha convivido en las pasadas cinco semanas con dos guerras importantes y nada parece anunciar que alguna de las dos vaya a finalizar pronto.
Pese a la personalidad similar de Trump y su homólogo ruso Vladimir Putin que no admiten el “no” cuando va contra sus deseos, parece que aún quedan frenos que detienen a uno para que Ucrania regrese a Rusia y para la destrucción de la capacidad militar de Irán, como lo desea el otro, o el exterminio total de la nación islámica, como parece ansiarlo Israel.
Desde esta perspectiva la Unión Europea adquiere un nuevo protagonismo. Junto con el Estados Unidos de Joe Biden, apoyo militarme a Ucrania lo que ayudó a frenar la ofensiva rusa.
Ahora con el Estados Unidos de Trump, ha dejado en claro que la de Irán no es su guerra, inclusive con posicionamientos en ese sentido de figuras conservadoras que han respaldado al mandatario estadunidense en otros momentos, de manera señalada la primera ministra de Itaalia, Giorgia Meloni, lo que sin lugar a dudas auxilió en frenar a Washington.
Como se ve, aún hay esperanza.
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