Por Dra. Ana Luisa Oropeza Barbosa
¡Qué miedo! -respondí- cuando escuché esta tajante afirmación en voz de de uno de los diputados al congreso local de Puebla.
La charla versaba sobre la expectativa que se tiene sobre el escenario político en nuestra ciudad. Sabemos que Claudia Rivera se ostenta como presidente municipal; que se tiene un congreso estatal robustecido por MORENA y lo que se sigue jugando en el tablero político es la gubernatura del Estado.
Desde la campaña misma de AMLO, se ha pedido a la población que se homologue la participación del movimiento morenista en 2 de los principales poderes gubernamentales, y este es justamente el panorama que hoy debería de preocuparnos.
En Puebla fuimos testigos y padecimos un Morenovallismo recalcitrante, quien lo encabeza, conoce perfectamente el arte de la negociación y ha sabido mantener a sus seguidores envueltos en una ceguera de poder estatal. No es secreto que las instituciones, y sus actores, hayan actuado durante su mandato siguiendo las directrices que él planteó, y así sucedió porque no existió un sistema de contrapesos sólido que pudiera ponerle un límite a sus actuaciones.
Nos hemos quejado de esto, pero nos enfilamos peligrosamente a lo mismo.
Estamos sumergidos, hoy día, en una atmósfera de ingenuidad ciudadana, creyendo que entregando el poder absoluto a MORENA, nuestra situación política, social, económica y la toma de decisiones acertadas, el plan de nación, si es que lo hay, se transformará en aras del bien común. ¿Cuál será la diferencia entre el Morenovallismo y el morenismo?
Es necesario recordar a Montesquieu y su extraordinaria teoría sobre la división de poderes.
Entender lo peligroso que puede ser -y ¡ahí está la historia para recordárnoslo!- entregar el poder absoluto a una persona o a un partido, la fragilidad social cuando no se tiene un sistema de contrapesos y límites al poder del estado.
Se sigue tambaleando la gubernatura. Estamos a la espera, especulando, generando
expectativas sobre afirmaciones que carecen de cualquier sustento lógico, escuchando que el triunfo ya se encuentra negociado a favor de alguno de los candidatos.
La única certeza que se tiene, es que será el Tribunal Federal Electoral quien resuelva, apegado a derecho, la situación de las pasadas y turbulentas elecciones poblanas. Si se llegan a anular, ojalá y se cuente con un frente de oposición que pueda librar la batalla en los nuevos comicios, buscando no el interés de unos cuántos, que se han solidificado en grupos de poder buscando el hartazgo económico.
Si el Tribunal Federal Electoral confirma a Martha Erika Alonso en la gubernatura ¿podrá seguir el morenovallismo controlando al Estado teniendo a MORENA como freno? O en el caso contrario: ¿podrá MORENA actuar libremente teniendo a la oposición en la silla gubernamental?
Ciudadanos: Si se nos permitiera decidir en un nuevo escenario electoral ¿qué será lo más conveniente para todos?























