El sentido de oportunidad es tener la habilidad de tomar decisiones y realizar actividades (o abstenerse) a tiempo y en beneficio. Esta capacidad es determinante para lograr los mejores resultados y conducirse de manera asertiva en diversos aspectos de nuestra vida.

En las relaciones personales el ser inoportuno se da en la falta de empatía que puede derivar en malentendidos y conflicto. La importancia de saber identificar el momento adecuado para comunicar algo, acompañar, señalar una inconformidad, etc., es un proceso constante de aprendizaje, respeto, tolerancia y reciprocidad que nos permite generar vínculos sólidos y de sana convivencia.

Identificar el sentido de oportunidad en muchos proyectos de nuestra vida depende de una claridad de objetivos (que se pueden ir ajustando para evitar que la rigidez se convierta en una causa de ansiedad y frustración), quizás esa es el primer reto en la definición de lo que queremos, para localizar los momentos en que debemos actuar o dejar pasar esas oportunidades.

En las empresas se hacen análisis de riesgos a través de escenarios, de esta forma definen los momentos en que conviene expandirse, resguardar o economizar recursos en función de las vertientes que les arroja ese análisis. Salvo cuestiones que saltan del rango de previsión, estas prácticas, que en los casos más complejos incluso pasan por la valoración matemática y de algoritmos (operaciones que permiten hacer cálculos para encontrar la solución a un tipo de problema), dan confianza al prever y tener claridad sobre cómo conducirse cuando aparecen situaciones adversas y evitar actuar reactivamente.

En la formación profesional, el sentido de oportunidad lo es todo. Cuando se define la carrera que se va a estudiar, debe perfilarse una proyección de dónde se ve uno en el corto, mediano y largo plazo, tanto en el periodo de la formación como en el ejercicio profesional. Definir esas metas con base en los tiempos para lograr ejecutarlas facilita el sentido de oportunidad, por ejemplo: se desea al concluir la carrera en el mediano plazo e iniciar estudios de posgrado en una institución extranjera, en este caso implica que antes de concretizar esa meta se deberá cursar el idioma del lugar a donde pretendemos acudir (estos procesos pueden llevar de dos a tres años para tener el dominio del mismo), revisar los costos de la inscripción y estancia, así como los requisitos para postular. Así, vamos realizando las acciones que permitan en su momento concretizar nuestro objetivo.

La clásica frase de “es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo”, opera en sintonía con el sentido de oportunidad. Se plantean también escenarios en los que no debemos esperar a que las oportunidades se nos presenten sino generar las condiciones para que se den e incluso, ser nosotros quienes las propiciemos.

Paradójicamente, otra forma del sentido de oportunidad consiste en simplemente no hacer nada. A veces, se nos presentan posibilidades en donde pudiéramos obtener un trabajo al que es mejor dejarlo pasar para estar en mejores condiciones en un futuro. Esa situación es común en los primeros ejercicios laborales, pasa que se pueda colocar un estudiante antes de concluir la carrera, pero al hacerlo después le impacta en el curso de sus materias, servicio social y otras actividades que debe concretizar para poder egresar en tiempo. Cuando se inicia antes, luego se plantea el que se puede lograr una estabilidad laboral si se presenta el título profesional, que no se tiene justo porque se privilegió el trabajo a terminar la escuela.

Finalmente, como podemos apreciar, mucho de la habilidad de lograr el sentido de oportunidad depende de nosotros mismos, escuchar, ver, estar atentos, evitar tentaciones, discernir lo que deseamos y no dejarnos llevar por la vorágine que al poner una pausa nos muestra un camino recorrido que no imaginamos.

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