Entró sigiloso, calladito, conteniendo la respiración. Los pasos explotaban desechos tóxicos de un ambiente callejero y no digno de contarse, ni de presumir las andanzas masculinas que poco a poco lo femenino ha hecho suyas.

La palabra amor se carga a cuestas. Amar duele, envilece, enternece. La palabra amor confunde y salpica de justificaciones melancólicas, de sollozos amarrados al ayer y suspiros olor a canela mirando un atardecer que recrea el pecado, la armonía, los trazos, las muecas retorcidas producto de un gran hartazgo. El encierro, el recuerdo a bullicio, los excesos, los abrazos.

Sabiendo que se celebra el día del amor, arrinconó sus deseos mezclados con colores de almidón y cerezas, puso en sus manos la bebida que derrama el delirio que emerge de las miradas que no perdonan, que exigen saberse reconocidas en el encierro de una vida que se ha escrito entre tinta china y tentáculos del mar. Tiene que tirar del temple, mostrar coraje, sobreponerse a lo absurdo de las circunstancias, permitir que brote la añoranza, la promesa mal contada pero envuelta en magia y colores carmesí. Tiene que colmar de besos esas flores que portan el mensaje de sus sueños, las flores que claman, recitan, murmullan estrofas que se cortan, que mojan, que envenenan con placidez las almas rotas. Sabe que tiene que amar y mira con éxtasis ese cuerpo que muestra en las arrugas los laberintos de lo vivido, lo incontable, lo secreto y lo divino.

Las manos se animan, los dedos comienzan una danza rítmica hurgando entre los pliegues del amor y del engaño, se deslizan por lo incontenible del tiempo, sorprendiéndose a sí mismos con una buena dosis de humildad, en donde la destreza no cuenta, lo áspero parece intangible y tan solo tambaleantes recorren recuerdos, animan destellos y resueltos prosiguen su andar.

Nadie sabe cómo amar hoy, el calendario ha tirado más de 365 hojas desde que nos congeló. La iniciativa se cobija en una atmósfera de burla, de insatisfacción, de opresión. Se acerca el final o el comienzo, pero siempre retacado de amor.

El beso que los funde aminora el descontento, sabe a caramelo, se derrite ardiendo en deseo. Por un momento logra pausar los segundos del tiempo, disipa las nubes alocadas mientras sus manos siguen rozando los recuerdos. Poco importan las debilidades humanas, el amor se hace presente lleno de colores, humo y notas musicales que brotan del corazón.

Una pausa, un respiro.

Si no podemos besar y abrazar, tejamos canciones, clavemos miradas y llenemos de rocío nuestra intención, que el amar no es un arte, es simplemente devoción.

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