La semana pasada, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó una serie de reformas a la Constitución en materia de igualdad de género.

Entre una de las modificaciones, se establece la prohibición de hacer diferencias salariales bajo ninguna condición, es decir, “por origen étnico o nacional, identidad y expresión de género, edad, discapacidad, condición social, de salud, religión, opiniones, preferencias y orientación sexual, estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Pero hay un detalle en la redacción. Según numerosos estudios con perspectiva feminista, no es lo mismo sexo que género y en ningún momento mencionan la palabra sexo, sino que la sustituyen por identidad y expresión de género, así como por preferencias y orientación sexual.

Entonces, ¿dónde queda la base de los estereotipos de género a los que hemos sido sometidas las mujeres y los hombres desde hace siglos?

La base por supuesto es el sexo femenino y masculino, pero desde los gobiernos panistas se modificó la redacción de todo lo relacionado con igualdad de género (que también no debería llamarse así).

Con base en el sexo es que se estableció el término género como un modo de englobar las diferencias en las capacidades, limitaciones, derechos y obligaciones que tenemos hombres y mujeres, es decir, surgió para estereotipar.

Ahora, al dejar de lado esa base, pero sí mencionar la identidad y expresión de género, es como no darle importancia a esa diferencia básica para las mujeres y darle prioridad a la nueva identidad de género. No es que esté en contra de ella, pero no es lo mismo.

Para ser claros. La identidad de género surgió para proteger los derechos de las personas transgénero y transexuales.

La diferencia entre ambos términos es la siguiente:

TRANSGÉNERO: son mujeres y hombres que nacieron como tales pero que no sienten pertenecer a su sexo.

TRANSEXUALES: son mujeres y hombres que nacieron como tales pero que, al someterse a varias cirugías plásticas y a terapias hormonales, cambian su sexo.

No es lo mismo proteger los derechos de quienes integran ambos grupos que continuar protegiendo los de las mujeres.

La violencia de género contra las mujeres la ejercen los varones hacia nosotras por el hecho de ser mujeres.

En el caso de las personas transgénero, se entiende que no se sientan identificadas con su cuerpo, pero a fin de cuentas ante la sociedad siguen siendo hombres o mujeres.  Es decir, un hombre puede sentirse mujer, pero no será violentado en la calle por otro varón simplemente porque sigue luciendo como hombre. En cambio, una mujer sí podría ser agredida por un varón por el hecho de ser mujer, aunque por dentro se perciba como hombre.

¿A qué me refiero con esto? A que la violencia principal sigue siendo contra las mujeres con base en el sexo y al haber eliminado el término sexo en nuestra constitución, se nos está desprotegiendo.

Ni modo, ya veremos cómo nos sigue yendo en lo que queda del sexenio.

Nos leemos el próximo lunes.

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@Ari_Sintesis127 en Twitter

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