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Alfonso González

El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) -en Puebla y en el resto del país- se sigue manejando como una herencia de familia, como un botín político o como una empresa y una sucursal más en el país.

En el Verde los beneficiados siempre son los mismos, los parientes, amigos, compadres, cuates y demás allegados a los mandones de quienes han encontrado en el supuesto cuidado de la ecología y el medio ambiente, desde la política, una mina de oro.

Sólo basta ver cómo en el país la familia González Martínez se ha enriquecido, gracias al mejor negocio de sus vidas: el PVEM.

La historia del Verde, sin duda, es larga, compleja y muy sorprendente.

La riqueza de los dirigentes y ex dirigentes es evidente, aunque hoy por hoy cuiden más las formas para no demostrarlo.

De entrada, el partido del tucán lo que menos tienen es preocupación por la ecología y el medio ambiente. Es un organismo político que se ha dedicado únicamente a flotar en la marea política para aliarse y pegarse, como sanguijuela, a las fuerzas más grandes y poder seguir viviendo del erario.

Siempre, he dicho que en el PVEM ni son políticos, ni son ambientalistas, ni son ecologistas, ni son niños, ni son verdes.

En Puebla, por ejemplo, no es la excepción, actualmente el partido verde está al servicio de Morena y del gobierno en turno. Se mueve conforme se lo ordenan.

Y en la entidad, como a nivel nacional, el verde ha seguido el mismo patrón y repetido la misma historia que su franquicia y sus dueños en el resto del país.

En el estado, el verde se ha heredado como una empresa de familia, y aunque Gustavo Díaz Ordaz Castañón, lo tomó casi por la fuerza para apoderarse del partido y hacerlo, también, su mejor negocio, lo utilizó, lo aprovechó y lo heredó a su mejor amigo.

Fue, entonces, como Ernesto Guerrero Aguilar, lo toma, asume la presidencia, se hace diputado, igual que su antecesor y amigo, Gustazo Diaz Ordaz, y se mantiene en el verde -como presidente- por más de un periodo.

Organizó, como regularmente se opera en el Verde, un consejo a modo, de amigos y compadres, para reelegirse en el cargo y continuar gozando y disfrutando de los placeres que deja la política pro ecologista.

Sin embargo, Ernesto Guerrero, por su estilo de vida y de hacer política, nunca hizo un personaje de confianza, un confidente, pues su mejor amigo, entonces encargado de la organización del Verde, lo abandonó por una disputa económica.

Guerrero Aguilar lo echó del partido por no comprobar gastos millonarios y entonces buscó quién pudiera asumir su cargo.

Ernesto, hoy militante y operador del Partido Movimiento Ciudadano, buscó a quien heredarle el Verde, para negociar con él y poder seguir gozando de sus canonjías, aunque se disgustó con Jorge Emilio González Martínez, el famoso “niño verde” y dueño del partido, fue presionado para que dejar la dirigencia y también terminaron corriéndolo por desfalco de recursos.

En ese momento es cuando apareció Juan Carlos Natale López, entonces un militante priista que siempre había sido suplente de todo, pues su único logro era haberse mantenido en las filas del PRI sin cargo alguno.

Ernesto Guerrero eligió a Natale, quien al final le dio la espalda, le quitó el Verde, negoció con Jorge Emilio González y se quedó con el partido.

Allí es cuando la fortuna le empieza a brillar a Natale, quien en aquel momento se mueve políticamente, se relaciona, pacta y acuerda con el gobierno y con las fuerzas políticas más grandes en el estado, y logra reposicionar al partido que ya sus antecesores habían saqueado.

La gestión y administración del PVEM cambió a nivel nacional porque muchos dirigentes y ex dirigentes empezaron a ser investigados por las autoridades, debido a sus millonarias fortunas y a los escándalos del niño verde.

Y lo mismo sucedió en Puebla, Juan Carlos Natale, hoy diputado federal, se mantuvo en el partido generando polémica y escándalos, por su vida personal y pública, pero buscó la forma de seguir, igual que sus antecesores, viviendo de su partido.

Le pasó la estafeta a su primo Jaime Natale Uranga, quien apenas hace unos días se reeligió como presidente del Verde en Puebla, para el periodo 2021-2024, emulando y mostrando lo que sigue siendo el partido del tucán.

Y aunque Jaime Natale es un político joven que cuida mucho su imagen, lo que dice y hace, sobre todo porque quiere mostrar algo de preocupación por la ecología y el medio ambiente, el Verde sigue siendo lo mismo que antes.

En lo personal, el actual dirigente y diputado local del Verde me parece un político común que debería hacer más por el medio ambiente, porque las leyes sean más duras en lo que respecta a su cuidado, al del planeta y al entorno en que los ciudadanos vivimos y respiramos.

Ojalá que en los próximos años el Verde logre cambiar de verdad.

Aunque hoy por hoy su prioridad sea la posible candidatura de Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de relaciones exteriores, a la presidencia.

poncharelazo@yahoo.com.mx

En twitter: @poncharelazo

Facebook: Alfonso González

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