Entre la intervención norteamericana en Venezuela, el arresto de Nicolás Maduro y su presentación ante una corte de aquel país, las especulaciones sobre los próximos pasos de Washington respecto a Cuba o México, los aranceles punitivos y la renegociación del T-MEC, la crisis económica y política en Irán, la defensa europea a Groenlandia y Dinamarca, la evolución de la guerra en Ucrania y las bolas ensalivadas, salidas en falso y manotazos por encima y por debajo de la mesa en el proyecto de reforma política para México, el 2026 en lugar de estar arrancando al paso de una “cuesta de enero”, parece hacerlo al ritmo de una película de acción.

Entre el diluvio de noticias y notas periodísticas con el que arrancó el 2026 hay una que, pese a no ser tan escandalosa como otras menos relevantes, además de tener repercusiones importantes tanto en la economía norteamericana y la mexicana, así como en el acceso a mejores y mayores oportunidades de sus familias), está “color de hormiga”: el encontronazo entre el Presidente de los EE.UU., Donald Trump, y el de la Reserva Federal de aquel país, Jerome Powell.

Su relevancia se explica por la importancia de la Reserva Federal de los EE.UU. (FED) como responsable de la política monetaria de aquel país, pues ahí se define el nivel de las tasas de interés de los Bonos del Tesoro (que inciden tanto en el resto de los créditos y el dinamismo económico norteamericanos, como en las tasas de interés en México o, por añadidura,  el tipo de cambio peso-dólar) y se combate a la inflación.

En este sentido, existe el conceso entre los especialista a favor de diseños institucionales que permitan “aislar” a la política monetaria tanto de los intereses y apetitos de la política partidista/electoral como del resto de la toma de decisiones de los gobiernos, mediante la creación de institutos centrales especializados, técnicamente muy solventes, con autonomía respecto a la Presidencia o su equivalente y con el objetivo institucional, normalmente único, de defender el poder adquisitivo de la moneda (combate a la inflación), aunque hay casos en los que pueden haber un mandato doble (es el caso de la Reserva Federal de los EE.UU.).  En general, tan es aceptado el paradigma a favor de los institutos centrales autónomos que, en el caso reciente de México, cuando la 4T arremetió contra organismo autónomos -ya fuera desapareciéndolos o colonizándolos. el menos afectado fue precisamente BANXICO.

Sin embargo, y en total contrasentido del consenso antes expuesto, tal como ya se había señalado en este mismo espacio desde julio de 2025, el Presidente Trump hace oídos sordos a los expertos y la evidencia existente, pues ha dejado más que clara su intención de buscar vulnerar la autonomía de la Reserva Federal para forzarla a cambiar la política monetaria en los EE.UU. De manera muy esquemática, las posiciones de los actores relevantes son las siguientes:

Posición de Donald Trump: Presionar con todos los mecanismos que le sea posible, sean legales o no, para que la FED reduzca sus tasas de interés, a fin de que las elecciones de noviembre de este año se realicen en un entorno de relativa bonanza económica, que favorezca a los candidatos republicanos.

Posición de Jerome Powell y la Reserva Federal:  Plantarle cara al Presidente Trump, como hasta el momento lo han hecho, y seguir con una política monetaria más conservadora y adversa al riesgo, ya que la reducción de tasas muy probablemente dispararía nuevamente el incremento sostenido del nivel de precios o, como se le conoce comúnmente, aumente la inflación.

Sin ánimo de ser “amarra navajas”, pero este encontronazo tiene todos los elementos para despertar el interés morboso (¿terminará Powell en plan de “Juan Escutia” o Trump descaradamente la hará de “Tony Soprano”?) o el más auténtico y justificado (pues, pase lo que pase, su resultado indefectiblemente repercutirá en la economía mexicana y en nuestras finanzas personales).  Esto es de pronóstico reservado.

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