A sus once años, el novillero apizaquense se posiciona entre las nuevas generaciones tlaxcaltecas de la Tauromaquia

Desde Apizaco y con apenas once años, Fausto Piedras construye su camino en la tauromaquia a través de entrenamientos constantes, participación en festivales y una convicción que lo impulsa desde una temprana edad.

El amor de Fausto por la fiesta brava inició a los cuatro años, cuando retomó su formación tras la pandemia y hoy, con disciplina diaria, busca consolidarse como una figura del toreo, motivado por la admiración que le generó presenciar su primera corrida y el deseo de convertirse en matador.

Su rutina refleja compromiso con la tauromaquia, ya que, durante vacaciones, entrena por las mañanas y por las tardes, además de acudir a espacios como el Rancho Camperos, donde practica y convive en torno al toreo, mientras que su preparación incluye ejercicios con capote y muleta, así como prácticas de banderilleo.

“Al principio se siente miedo, después tú solito te pones como tus límites y disfrutas cada vez más de estar enfrente de un animal”.

Su historia en la tauromaquia comenzó por influencia familiar, en donde la figura de un primo lo acercó a este mundo, y con ello despertó una admiración que él mismo describe como heroica.

“Lo vi como un superhéroe”.

A lo largo de su formación, ha participado en distintos escenarios como Cinco Villitas, San Luis de la Paz y Tula, Hidalgo, además de tientas en Tlaxcala, donde reconoce un crecimiento importante en su estilo dentro de la tauromaquia.

Con ello, Fausto destacó que uno de sus mayores retos llegó en Apizaco, cuando enfrentó un novillo de gran peso en un festival tras una marcha pacífica.

“Pensábamos que iba a ser una becerra, pero salió un novillo de 250 o 300 kilos y me lo tuve que echar”.

Asimismo, resaltó que el respaldo familiar ha sido clave en su proceso, y si bien ha recibido apoyo de cada uno, también reconoció el temor de su madre ante los riesgos de la tauromaquia.

“Se preocupa mucho y se pone nerviosa, por eso prefiere no verme”.

Es así, como Fausto mantiene firme su visión a futuro dentro de la tauromaquia y luchará por conseguir en lo que su ideal sería un sueño, convertirse en matador de toros y llegar a la Plaza de Las Ventas, en Madrid.

Finalmente exhortó a las niñas y niños a que sigan sus sueños, a su vez que hizo un llamado a que nunca deben rendirse, ya que, si luchan de manera constante, pueden alcanzar cada uno de ellos.

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