Jesús Cruz Fernández

¿Ha sentido en algún momento de su vida que esta no tiene un sentido? Que le da pereza levantarse, sensación de aburrimiento, desesperanza, soledad y pesimismo.

Esto podría ser el resultado normal por el problema que estamos viviendo. La pandemia del COVID-19 nos obliga a recluirnos en nuestros hogares por espacio mínimo de cuarenta días, alejados de los amigos, lugares de reunión, diversión y trabajo.

Al reflexionar sobre la gravedad de este problema, la facilidad de contagio, que no exista una vacuna que la detenga, la posibilidad de la muerte, las consecuencias gravísimas a la economía mundial, además de las políticas y sociales en todos los niveles, surgen todos estos síntomas de vacío existencial.

¿Pero qué sucede en un momento ordinario como el que veníamos viviendo? ¿Nos sentíamos plenos, dichosos y con un propósito claro para contribuir a la vida? ¿O ya se venían arrastrando síntomas diversos de una existencia sin sentido? Una vaciedad en el alma que no se llena con dinero, poder, sexo o cosas materiales, pero entonces ¿cuáles son las causas del vacío existencial? ¿Qué hacer para llenar este vacío y encontrarle un sentido a la vida?

Según el presidente de la Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología, Dr. Marco Eduardo Murueta Reyes, “el vacío existencial es la sensación de la falta de sentido de la vida, tedio, de no saber para qué se vive, y qué lleva al aislamiento y enrarecimiento de la relación con la familia y la sociedad”.

El hombre es un ser biopsicosocial, es decir conformado de un cuerpo, con necesidades físicas que deben ser satisfechas, una mente que le permiten ser un ser pensante para entender y resolver los problemas cotidianos y un ser social, que necesita relacionarse con los demás seres humanos, porque de esta manera cubre sus necesidades de afecto, sentido de pertenencia y reconocimiento social.

A raíz de la necesidad de que la mujer, se integre al campo laboral para complementar los ingresos en la familia, los hijos han sido atendidos en guarderías, en el hogar por los abuelos, tíos o por personas que se dedican a las labores domésticas, justo en los primeros años de vida, cuando más necesitan de la presencia y amor de sus padres, y es el primer síntoma de vacío, el afecto.

Esta sensación de abandono, de falta de comunicación y afecto, en la pareja y los hijos, por cargas excesivas de trabajo, generan en los hijos una falta de seguridad en sí mismos, pérdida de la autoestima y sentimientos de soledad.

La familia es la primera célula de la sociedad, si en esta no existe comunicación, muestras de afecto, integración familiar y prevalece todo lo contrario, los jóvenes no podrán relacionarse con los demás, habrá desconfianza, hostilidad, indiferencia y el encierro en sí mismos.

La era de la tecnología, el internet, han venido a “sustituir” esa sensación de soledad y aislamiento, se conforman grupos de WhatsApp, Facebook, videollamadas entre otros, para establecer comunicación y relacionarse; sin embargo, estos medios nunca podrán sustituir a un diálogo, conversación o reunión con la presencia real de las personas, en las cuales se trasmite y se recibe la alegría, la tristeza, esperanza y el afecto de los presentes.

Estamos en la era de la información, los teléfonos celulares a través del internet son medio ideal para llegar a todas las personas del mundo, pero ¿qué daños no están ocasionando? ¿La publicidad, el consumismo, los estilos de vida que nos generan?

Estas reflexiones corresponderán a la segunda parte de este tema, si son de su interés, esperamos contar con su amable atención en la próxima semana.

 

abogadocfj@gmail.com

 

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