Por: Maximiliano Gracia Hernández

 

La pandemia no termina, al menos hasta hoy sigue su marcha. Pareciera ser que la grave crisis de salud por la que atravesó México aún se mantiene, más débil, no cabe duda, pero ahí está.

Lo que estamos viviendo es un gran reto para el mundo, y es que han sido más de dos años en los cuales las actividades económicas prácticamente se detuvieron, el año 2020 pasará a la historia en materia económica como el más grave de los últimos 100 años. El empleo y el bienestar se vieron severamente impactados. Los gobiernos han hecho todo para que la pandemia termine; sin embargo, hoy todavía se resiente su impacto en las diferentes variables macroeconómicas. La realidad que vivimos nos ha mostrado que el sistema económico capitalista es vulnerable y, que un virus milimétrico puso a la economía mundial en jaque.

Esa arrogancia del poder económico que antes teníamos, nos debe orillar al análisis y la introspección, porque el ser humano hoy es más débil que nunca, y es que estamos frente a un fenómeno desconocido, por un lado, los científicos buscan soluciones a la pandemia, pero por otro, la destrucción del mundo cada día es más latente: armas nucleares y calentamiento global podrían destruir al mundo en poco tiempo.

Con la pandemia millones de personas en México y en el mundo han muerto, pero quienes aún seguimos aquí, hemos visto vulnerado nuestro bienestar social y económico, los indicadores de pobreza, pobreza extrema y desempleo están presentes; pareciera ser que no tienen fin. El tema de la inflación ataca cada día a pobres y ricos, atenta contra la posibilidad de que la mayoría de las personas en el mundo no logren alcanzar una canasta básica que les permita salud y bienestar.

La economía mexicana mostró un proceso de crecimiento durante los últimos cinco años, sin embargo, para el 2020 la recesión y la crisis económica se hicieron presentes. La pandemia llegó a México en una etapa de crisis estructural, y es que la política industrial no existe; la banca de desarrollo mantiene controlados los otorgamientos de créditos; la política social es asistencial, pero no ofrece la posibilidad real para que los pobres dejen de ser pobres.

Pobreza, corrupción, violencia y desempleo, son características actuales de la economía mexicana. En el tema de pobreza, durante esta pandemia se generaron entre 10 y 12 millones de mexicanos pobres. Cerca de 55 millones de personas son pobres en la economía mexicana. El tema del empleo es otro impacto para la economía mexicana, cerca de 2 millones de personas están desempleadas.

En el marco de la inversión extranjera directa, esta también tuvo un declive, se pasó de 4.4 mil millones de dólares durante el año 2019 a 2.4 mil millones en el año 2020; si bien, observamos un crecimiento en el año 2021, ello aún no muestra la posibilidad de poner las campanas al vuelo.

Una sociedad que no consume es una sociedad pobre, en ese sentido, se observa deprimido al mercado laboral, lo que origina que el consumo privado haya caído estrepitosamente en los últimos dos años. Por ello podemos afirmar que el escenario económico nacional es muy complicado, porque el consumo privado no podrá detonar el crecimiento económico y, la única salida es la inversión privada o el gasto público.
Bajo el escenario antes señalado, el gobierno mexicano tiene la responsabilidad de reactivar la economía a través de proyectos de generación de infraestructura, usando inversiones públicas e inversiones privadas.

Hoy México necesita un programa de rescate, el cual incorpore reformas fiscales, programas públicos multiplicadores, generación de deuda que sea sostenible en el corto y largo plazo; el combate a la pobreza debe de ser un instrumento fundamental; es necesaria la generación de nuevos empleos que permitan incrementar el ingreso, el consumo, y la inversión. Por ello, es necesaria una política fiscal expansiva que intente combatir las desigualdades sociales.

México necesita un pacto que permita hacer frente a la pandemia. Es fundamental refundar este país, renovarlo y actuar con la guía de las siguientes preguntas: ¿qué economía requieren los mexicanos? ¿qué tipo de sociedad queremos ser? ¿cuál es nuestra responsabilidad en este proceso de salida de la crisis? ¿cómo podemos apostar para la creación de un nuevo México? Son preguntas que requieren respuestas.