Hoy la mentira está devaluada. Ya nadie considera siquiera dudar ante lo que escucha u observa. Es más fácil interpretar lo que vemos o escuchamos, que investigar, profundizar, verificar, razonar y ajustar los hechos a nuestra realidad más cercana. Hacemos de la mentira algo tan trivial que hasta la confundimos con el engaño y la falsedad, mejor conocida como “posverdad” o “mentira emotiva” que describe la distorsión deliberada de una realidad en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las emociones y las creencias personales, en resumen, es la idea de que “algo que aparenta ser verdad, es más importante que la propia verdad”.

La mentira no es un engaño, una afirmación errónea o un suceso mal contado. Al menos en periodismo la mentira es un concepto diametralmente opuesto a la aceptación que una persona manifiesta de lo que se presenta como información, porque la puede comparar con lo que ha vivido, experimentado, piensa, conoce y siente. Algo es verdad, en la medida que se presente con una base de investigación y sobre todo con la responsabilidad de demostrar lo dicho con datos, estadísticas, hechos concretos, documentos, testimoniales y actuando bajo la premisa de ser siempre objetivos.

Fake News, es una de las frases más reconocidas por prácticamente todo el mundo desde 2017, cuando se comenzó a popularizar en Estados Unidos, cuando los discursos políticos y las agendas mediáticas tenían base precisamente en la desinformación, así como en los constantes problemas que los “bulos digitales” provocaron a las poderosas empresas de internet como Google, Facebook y Twitter.

Un bulo es una falsedad enunciada de manera deliberada para que sea percibida como verdad; engaños que se difunden por medios electrónicos, especialmente las redes sociales, por las que se propagan ideas que tienen propósitos determinados, pero que son generadoras de confusión y distorsión de la realidad entre quienes leen, ven o escuchan los contenidos preparados por profesionales, pues para hacer creíble lo que difunden, trabajan en redacción y narrativa, tal cual lo haría un periodista experimentado. Los bulos están diseñados de forma estratégica y no deben ser confundidos con el rumor, pues éste surge y se expande sin saber del todo por dónde empezó y por tanto no se puede medir su crecimiento o analizar sus consecuencias.

Así pues, los consumidores de noticias se van acostumbrando a la obtención rápida e inmediata de información, perdiendo la capacidad de análisis, observación, asombro y pensamiento crítico con la que puedan desarrollar su propia opinión y criterio para la posterior toma de decisiones, pues de hecho esa es una de las acciones que el periodismo busca generar en las audiencias al presentar hechos, datos e información verificada: que se establezca un modelo de opinión pública en apoyo a la construcción de sociedades capaces de contribuir en procesos democráticos, no solo en materia política, sino en lo que para su entorno sea más conveniente para mejorar la calidad y condiciones de vida. Así de importante es el trabajo de un periodista.

Los medios de comunicación tradicionales (por no llamarlos antiguos), como la prensa escrita, radio y televisión tienen ante sí, una oportunidad más para demostrar que el periodismo y la difusión de información tienen aún esperanzas de mantener sus rigurosas características para evitar la “Infodemia”, un anglicismo que refiere al exceso de información sobre temas específicos, que desencadenan una serie de confusiones, igual o más rápidas que la propagación del Coronavirus en el mundo, lo que dificulta el encontrar fuentes probadas de información y en consecuencia también provocar la “infoxicación”, un término que hace referencia a la sobrecarga de noticias falsas o erróneas que llegan por diferentes medios a la audiencia, creando tal confusión que incluso consigue afectar el pensamiento lógico del individuo.

¿Qué podemos hacer?

Como lo compartí en este mismo espacio periodístico hace casi un año, aquí dejo seis consejos básicos y sencillos para evitar ser contagiados por el virus de las noticias falsas o Fake News.

Primero. Siempre hay que dudar cuando leemos un titular muy escandaloso, exagerado o sorprendente, en mayúsculas o con signos de admiración.

Segundo. Evaluar la fuente de la que proviene la noticia y es sencillo hacerlo, solo hay que observar el tiempo de vida del medio en la red social, el número de seguidores y la frecuencia con la que publica información.

Tercero. Estar atentos a los videos y fotografías, pues en muchas ocasiones no corresponden al lugar correcto donde supuestamente ocurrió el hecho, trate de comparar la imagen en otras cuentas y medios en línea.

Cuarto. Verificar la fecha en la que se publicó la información, pues puede ser que corresponda incluso, a años anteriores.

Quinto. Importante es consultar otras fuentes en la misma red social y esto se hace escribiendo en el buscador la información principal para que inmediatamente se despliegue una lista en la que aparecerá la información publicada.

Sexto. Hacer uso de Google, escribiendo igualmente la noticia de la que tenemos duda y aparecerán muchos más resultados que éste buscador ya ha verificado.

Le recomiendo también consultar la página www.verificado.com.mx donde 6 expertos, se encargan de combatir la desinformación y corroborar que lo que se presenta en los medios de comunicación es verdad.

Nos escuchamos la próxima, en tanto tenga usted, ¡muy buen día!

Facebook: Omar Espinosa Herrera

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