Gran revuelo desató el presidente al afirmar que entre la justicia y la ley se debe optar por la justicia, que el derecho es un estorbo y que por supuesto, la justicia debe estar por encima de la ley.

Los líderes de opinión no tardaron en lanzarse a cuestionar tal atrevimiento por parte de López, sus detractores hicieron hasta memes y sus fervientes seguidores encontraron una razón más para seguir elevándolo hasta lo incomprensible.

Pero sucede que esa fracesita a la que se le barnizó con tonos de romanticismo, no es de su autoría, sino del gran jurista uruguayo Eduardo J. Couture quien en el cuarto mandamiento de los abogados, que escribió para concientizar a los jóvenes estudiantes de Derecho acerca de lo que realmente significa el ser abogado y de la gran responsabilidad que implica ejercer la profesión dentro de una sociedad, señalando las repercusiones y funestas consecuencias que se sufren cuando no se ejerce correctamente; el jurista escribió: “Tu deber es luchar por el derecho; pero el día que encuentres en conflicto el derecho con la justicia, lucha por la justicia.” Y como estudioso del Derecho,  profundamente enamorado de su profesión y con el peso a cuestas de todo aquel que tiene la misión de formar a las siguientes generaciones, por supuesto que inmortalizó la frase que todos entendemos como el fin último de las sociedades: “La Justicia”

Me refiero a esa que emana del corazón para impregnarse en los otros y en uno mismo, la que en voz en cuello se implora y se exige, a la que Shakespeare y Cervantes dedicaron ríos enteros de tinta, la justicia que se azota con un portazo por el adolescente al que se le negó un permiso, a la que se aferra el enfermo terminal deletreándola en cada gota que expele el suero clavado a su cuerpo.

La palabra justicia es tan volátil que ni siquiera el grandioso Hans Kelsen pudo descifrar su esencia. El concepto es tan resbaladizo que se escapa a toda razón, más no así a toda emoción y lo lastimero es que el presidente lo sabe. Nuevamente ha puesto en la mesa conceptos cargados de un peso social enorme pero que sin la debida comprensión pueden llegar a ser letales. Me adelanto, o como dirían los jóvenes millennials, discúlpeme estimado lector que haga un “spoiler” de la maravillosa obra de Kelsen y le cuente el final cuando dice: “En realidad yo no sé ni puedo decir qué es la justicia, la justicia absoluta, este hermoso sueño de la humanidad. Debe conformarse con la justicia relativa, puedo decir únicamente lo que para mi es la justicia”. Kelsen se exprimió las meninges para llegar a la conclusión de que la justicia es totalmente subjetiva. Aquí le dejo, estimado lector, la liga de esta famosísima obra https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/12/5684/3.pdf  con el deseo de recordarle al presidente lo peligroso que puede ser juguetear con este concepto.

La justicia es la base de todo orden social, y ese orden social se construye con normas que en su conjunto crean el Derecho, el Derecho a su vez, toma forma por la voluntad humana, pero para evitar que se haga la voluntad de un sólo hombre es que existen instituciones que intentan ser lo más justas posibles, tarea muy complicada si se considera que cada uno de nosotros vela, implora y lucha por defender su propia justicia.

Imagínese usted, estimado lector, si la justicia encuentra sus límites en el Derecho, en un orden social establecido institucionalmente, lo que sucedería si le quitamos esos límites, si hacemos de lado el Derecho ¿realmente cree que estamos preparados para convivir socialmente fuera de los límites del Derecho? Sólo basta con ver la forma en que hoy día estamos tomando la justicia en nuestras manos, los linchamientos son una patética muestra de haberse satisfecho el derecho de -alguien- que no le había parecido justa cierta conducta y se la cobró al margen de la ley.

Para ponernos al nivel del presidente con sus tonos Cantinflescos podríamos decir que ante tal afirmación la respuesta es; Sí, pero no. Sí a la justicia antes que al Derecho, como lo dijo Couture, cuando tengamos sociedades educadas y hayamos superado la época de las cavernas. No, a la manipulación ideológica de López, queriendo hacer de lado instituciones hasta llegar a desconocer nuestra preciada Constitución. ¿Habrá ley? ¡Su ley! ¿Habrá justicia? SU JUSTICIA.

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