Las celebraciones religiosas no cesan. La Semana Santa estuvo acompañada de la declaración de “venerable” para el arquitecto catalán Antonio Gaudí (1852-1926), el primero de los tres pasos para alcanzar la santidad.

El camino ha sido largo, la Asociación para la Beatificación de Antonio Gaudí ve avances después de los 30 años que lleva su solicitud. Este primer paso se alcanza tras “haber vivido las virtudes de manera heroica”, mientras que para la beatificación (segundo paso), y la santificación (meta final), se llega tras la verificación de un milagro, sí, un milagro.

Católico devoto, Gaudí orientó su arquitectura a la reinterpretación de la naturaleza, a las emociones que evocan sus apreciadas obras. La Casa Batlló (1904), la Casa Milà (1906) y la Basílica de la Sagrada Familia, que desde 1882 se viene construyendo, son algunas de las obras que destacan del arquitecto. Se presume que esta última habría motivado la decisión de su veneración, pues sus casi 5 millones de visitantes al año la convierten en un hito arquitectónico y religioso de Barcelona.

Ahora bien, los factores que alientan a un “Santo Gaudí” pueden compararse con el reciente caso de Carlo Acutis, joven fallecido a sus 15 años por una leucemia fulminante y quien el día 27 de este mes se convertirá en el primer santo millennial. A Acutis se le adjudica la creación de un sitio web donde publicaba milagros y casos relevantes para la comunidad católica; se vuelve santo pues respondió con dos milagros a un par de niños gravemente enfermos.

¿Quién y por qué causas se le rezará a Gaudí? De suceder el par de milagros que solicita la iglesia para su santificación, veremos entonces al primer arquitecto convertido en santo, aunque claro, se suma a la lista de los que dentro del gremio se veneran: Santo Tomás de Aquino y San Benito de Nursia figuran entre los principales. Se vuelve prudente entonces cuestionarnos sobre qué virtudes habría gozado Gaudí para ser candidato a la santidad o qué tanto influye la popularidad de su obra en esta consideración.

El turismo que se desarrolla por algunas de estas obras de carácter religioso aporta, indudablemente, a la transmisión del mensaje que busca la iglesia. La Basílica de Guadalupe (1976), del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, recibe al año unos 20 millones de visitantes, la Catedral de Notre Dame (1345), con más de 5 arquitectos en su larga historia constructiva, recibe casi 15 millones; grandes cifras para una religión que va perdiendo progresivamente practicantes.

De la vida privada del arquitecto se sabe poco, sin embargo, se sabe que tenía una fe bastante arraigada y que la obra de La Sagrada Familia le significó más un manifiesto de su creencia que un simple encargo proyectual. Pero están los arquitectos quienes, sin comulgar con la iglesia, dieron lugar a edificaciones que transmiten, según los visitantes, una espiritualidad impresionante (Oscar Niemeyer, arquitecto brasileño y abiertamente ateo proyectó la Catedral de Brasilia, obra ampliamente reconocida). Caso contrario, por ejemplo, con Luis Barragán, quien era fiel creyente y realizó obras religiosas bastante emotivas (La Capilla de las Capuchinas la diseñó en colaboración con Mathias Goeritz y estuvo financiada por el propio Barragán).

La trágica muerte de Gaudí contrasta con la heroica despedida de muchos otros considerados santos (a los 73 años, el arquitecto fue atropellado por un tranvía en Barcelona). ¿Qué milagros podrá conceder este venerado arquitecto?, ¿por qué se le considera a él y no a otros más? Casi 100 años desde su fallecimiento, unos 30 desde su solicitud para ser venerado; no es un milagro el que se requiere para que Gaudí llegue a ser santo, se requieren dos, literalmente, un par de milagros.

 

Con gusto atenderé sus comentarios al correo: jp.arquitextos@hotmail.com

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