Por Dra. Verónica Ramona Ruiz Arriaga
En las ciudades mexicanas la movilidad peatonal enfrenta múltiples retos y a pesar de que es parte del paisaje cotidiano el mayor de aquellos retos es hacer visible que se han normalizado sus deficiencias y que, al favorecer al automóvil, se relega a la población que se desplaza a pie y en transporte público, como ocurre en Pachuca.
Ese proceso urbano tiene dos vertientes que integran una serie continua, gradual y progresiva de elementos vinculados que se potencializan entre sí. Por una parte, está la olvidada educación cívica y la cultura vial; y por la otra, el deficiente diseño urbanístico, el funcionamiento y el mantenimiento de la infraestructura peatonal que conduce a una pésima situación de las aceras, los cruces, la señalización, la seguridad, la accesibilidad y el transporte público.
Esos dos grandes rubros requieren ser atendidos para mejorar la calidad de vida de los habitantes de Pachuca, para disminuir la incidencia de los siniestros viales y el número de los peatones atropellados, de que informan los datos de INEGI sobre Accidentes de Tránsito Terrestre en Zonas Urbanas y Suburbanas (ATUS) (2023) y que se acentúan especialmente en zonas de alta movilidad.
El Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable (PIMUS) es un instrumento que promete soluciones en la materia, para cada municipio. Sin embargo, es de señalar que el eje fundamental de las medidas de política pública, en cualquier tema, y por ende, también en el de movilidad, tiene una fuerte carga socioeconómica en la cual incide la cultura vial y la educación cívica.
Así, el entendimiento y la visión de la dimensión social de los problemas y la definición de los sectores que se van a priorizar dentro de la política pública, determina la distribución de los recursos. Por consiguiente, la elaboración de planes y programas, no aseguran la correcta planeación y ejecución de las obras públicas, ni el respeto de la jerarquía de la movilidad, por sí mismos, más bien depende del tipo de Estado concebido por los gobernantes, de los compromisos y del margen de negociación con las empresas involucradas, y que se tornan parte de los mensajes culturales sobre la movilidad.
Ahora bien, esas definiciones, deberían ser claras y contundentes para que las directrices, medidas e implementación de la política correspondiente cambiaran, pues de otra forma, seguirán favoreciendo al automóvil, con la misma inercia de la historia reciente, donde no se respeta al peatón, y donde se planea y se implementan medidas desde la óptica del automóvil, olvidando que la mayoría poblacional es de peatones.
Esa mayoría (siete de cada diez personas), constituye una población vulnerable, pero en el cual hay subgrupos aún más vulnerables, como las personas de la tercera edad, los menores de edad, quienes cursan con alguna discapacidad temporal o permanente, y quienes son afectados al quedar fuera de las oportunidades de desarrollo, teniendo que librar serias dificultades, para atender su salud, su educación y su trabajo, por ejemplo. Por todo eso, se considera urgente un golpe de timón en la atención a esta problemática tan soslayada, que parta de un diagnóstico detallado (por colonia o tramo vial) de zonas de alto riesgo para peatones que fundamenten las micro-decisiones de diseño.
Aumentar las vialidades para el automóvil, sólo ha generado el incremento de unidades automotoras en circulación, embotellamientos, accidentes y peatones afectados. De la misma forma, los peatones están expuestos a riesgos elevados dada la existencia de infraestructura deficiente y la priorización del vehículo motorizado particular, como lo denota la correlación entre accidentes totales y atropellamientos que indica que cerca del 3 por ciento de los accidentes, involucran víctimas peatonales (INEGI- ATUS).
Esta reflexión indica que, no es normal el actual estado de cosas en materia de movilidad urbana peatonal y que, si se colocara a las y los peatones en el centro de las decisiones y se mejorara y aumentara el transporte público y la caminabilidad, las consecuencias previsibles son virtuosas en cuanto a la contaminación, el flujo vehicular y el mayor uso del transporte público, así como de la prioritaria seguridad. Esto proporcionaría un bienestar social hasta ahora no experimentado ni por ese grupo poblacional ni por todos los habitantes urbanos, y se dejaría una huella histórica de inclusión y respeto al derecho humano a la movilidad incluyente.
Referencias
Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable (PIMUS). Documento técnico para diagnóstico/planificación. (Zona Metropolitana de Pachuca). movilidadytransporte.hidalgo.gob.mx
INEGI. (2024). Pestañas y tabulados de Accidentes de Tránsito Terrestre (ATUS). INEGI+1
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*Dra. Verónica Ramona Ruiz Arriaga
Profesora Investigadora Titular C.*
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